Juan Benavides Estévez

Opciones reales y sofisticación

Juan Benavides Estévez
Opinión
POR:
Juan Benavides Estévez
enero 28 de 2015
2015-01-28 02:44 a.m.
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A mediados de la década de los noventa se produjo un boom en la literatura financiera alrededor de las denominadas opciones reales.

Una opción financiera es el derecho de comprar o vender una parte de un activo dentro de un plazo, a un precio prefijado, a cambio de una prima por el derecho a ejercerla. Si las condiciones de mercado no son favorables, la opción no se ejerce.

Una opción real es el derecho a invertir en un proyecto en plazos y condiciones que deben crearse o estructurarse en su contexto.

Las opciones reales sirven para valorar firmas cuando existe la oportunidad de esperar a que llegue información sobre niveles de precios o cambio en condiciones de mercado.

Muchos profesionales de bolsa en Colombia son fluidos en los conceptos básicos de las opciones financieras, algunos entienden sus aplicaciones en cobertura, y unos pocos saben valorar las primas cuando los precios no siguen las características del modelo estándar.

Los banqueros de inversión parecen entender, en privado, los conceptos de opciones reales, pero la valoración de proyectos nuevos, y las fusiones y adquisiciones siguen realizándose con el método del valor presente de los flujos de caja bajo un escenario conservador.

¿Por qué se presenta esta dicotomía de la práctica profesional en un contexto de baja bursatilidad, donde la mayor parte de las oportunidades de inversión están en proyectos? Varias hipótesis pueden explicar el bajo uso de las opciones reales en Colombia.

Empecemos por las positivas: (i) una oportunidad de comprar o vender se presenta casi siempre bajo el imperativo de “tomarla o dejarla”, y por tanto la flexibilidad no tiene valor; (ii) cuando alguien decide vender un activo, usualmente es una “vaca lechera” que ya está en su fase de madurez, sin espacio aparente para capturar valor en diferentes contingencias futuras; y (iii) cuando alguien decide comprar un activo, lo hace cuando el transcurrir del tiempo ha aclarado suficientemente la incertidumbre de precios, incurriendo en el costo de oportunidad de posponer la decisión de invertir.

En todos los casos anteriores, el valor de un proyecto o compañía se calcula por su valor presente neto con la tasa de descuento apropiada.

Ahora pasemos a las hipótesis negativas: (i) la mayoría de oportunidades de inversión corporativa no corresponden a crecimiento orgánico, sino a adquisiciones para aumentar participación de mercado; (ii) los accionistas desconfían de valoraciones enredadas de los analistas; y (iii) la inestabilidad en las reglas del juego es tan alta que la estrategia de crecimiento consiste en ocupar nichos de mercado con repagos del capital en dos o tres años.

Las hipótesis positivas y negativas propuestas sugieren sofisticación de los inversionistas en el campo de las inversiones convencionales. Es la respuesta natural a las limitadas oportunidades de mercado de Colombia, dominadas por los activos no transados o productos básicos.

En la medida en que los tratados de libre comercio y la exposición a las tendencias mundiales se profundicen y ayuden a sofisticar el pobre mercado colombiano, tendrá valor experimentar con pilotos para aprender si un producto innovador o una patente pueden ser rentables, y para decidir cuándo escalar un proyecto para el público mundial.

Y los inversionistas en capital de riesgo crecerán y deberán salir de la comodidad de valorar solo con múltiplos.

Juan Benavides

benavides.jm@gmail.com

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