Juan Benavides Estévez

La riqueza de las naciones

Juan Benavides Estévez
POR:
Juan Benavides Estévez
agosto 27 de 2013
2013-08-27 12:34 a.m.
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En el 2006, el Banco Mundial empezó a calcular la riqueza de más de 120 países. Este acervo se compone de la suma de diversas formas de capital: los recursos naturales, el capital producido (infraestructura y tierra urbana) y el capital intangible, categoría que agrupa las capacidades productivas de la población y las instituciones.

Los métodos aplicados son muy simples y no se contabilizan aún algunas formas de capital natural. Sin embargo, un documento del 2011 del Banco Mundial ‘The Changing Wealth of Nations’ presenta resultados robustos con grandes contrastes entre países pobres y ricos en niveles de riqueza y su composición.

En el 2005, la riqueza de un país rico de la Ocde ascendió a US$588 mil/cápita, mientras que en economías de ingreso bajo fue de US$6 mil/cápita, en naciones de ingreso medio-bajo de US$17 mil/cápita, y en los de ingreso medio-alto (a los que pertenece Colombia), de US$81 mil/cápita.

El capital intangible es el 57% de la riqueza de una nación pobre y asciende al 81% en los Estados más ricos.

Y el capital natural es el 30% de la riqueza de una economía pobre, y solo el 2% de la riqueza de un país rico, así sea un gran productor de recursos naturales. Los países que, como Venezuela, destinan las rentas de su capital natural a subsidiar el consumo y proteger su industria, se empobrecen: entre 1995 y el 2005, Venezuela pasó de tener una riqueza de US$80 mil/cápita a una de US$70 mil/cápita. En el mismo periodo, Colombia pasó de US$50 mil/cápita a US$55 mil/cápita, de los que el capital natural es el 14%, el capital producido, 13%, y el capital intangible, 73%.

El alto peso del capital intangible en la riqueza de Colombia, más que una virtud, es el resultado de una falla de la imaginación.

La privilegiada dotación de tierras fértiles y agua sigue subutilizada. La minería, como potencial de transformarse en conocimiento y tecnología, es minimizada por intereses antimodernos y negada por opiniones posmodernas.

La infraestructura acumula décadas de retraso. La transformación y el aprovechamiento del capital natural, y la conectividad física, son indispensables para aprovechar el talento de la creciente clase media del país. La barrera más grande para aumentar la riqueza en Colombia son sus instituciones y los incentivos predominantes. Los obstáculos a inversionistas y emprendedores son formidables. Muchas empresas se favorecen de la protección y los subsidios.

Los fondos para investigación son pocos y las regalías asignadas para el tema pueden despilfarrarse en muchas jurisdicciones.

Se puede salir de la trampa institucional de la caza de rentas y el fundamentalismo ambientalista con medidas de choque que favorezcan el auge de sectores expuestos a la disciplina de la competencia, que generen coaliciones interesadas en el desarrollo simultáneo de las diversas formas de riqueza. En la medida en que estos ramos crezcan, surgirá la necesidad de consolidar las ganancias con mejores instituciones.

Solo en este contexto, el aumento de las actividades ligadas a las de los recursos naturales se traducirá en crecimiento del capital intangible en el largo plazo. Esto requiere una apuesta concurrente de gobiernos, líderes empresariales y la clase media –que es la esperanza de cambio político y económico–.

Juan Benavides

Analista

benavides.jm@gmail.com

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