Juan Carlos Restrepo

¡Cuidado con los perros bravos!

¡Qué tal esa tesis! Le critica que no esté prestándole oído a la opinión pública antes de tomar sus

Juan Carlos Restrepo
POR:
Juan Carlos Restrepo
julio 29 de 2008
2008-07-29 02:46 a.m.
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Comienzo por decir que me pareció inoportuna la medida del Banco de la República consistente en elevar en un cuarto de punto (hasta el 10 por ciento) sus tasas de interés de referencia. Creo que el Banco Emisor perfectamente pudo haber esperado un tiempo prudencial antes de decretar esta nueva alza en las tasas de interés.

Pero dicho lo anterior, no puede uno dejar de registrar con estupor la manera airada, desinstitucionalizante y calenturienta como reaccionó el presidente Uribe ante esta medida del Banco Emisor desde el consejo comunitario reunido en Barranquilla la semana pasada.

El respeto entre los poderes público se marca precisamente por el tono y la sindéresis con que unos y otros comentan en público sus decisiones. Así se discrepe de ellas como puede hacerse desde luego. Pero a quien corresponde dar ejemplo- en primerísimo lugar- de ese respeto institucional es al propio Jefe de Estado.
Parece que al presidente Uribe no le gusta entender que por alta que sea su popularidad ello no lo habilita para tratar con descortesía a otras entidades como la Corte Suprema de Justicia o el Banco de la República. Que son entidades rodeadas de independencia frente al ejecutivo por mandato de la Constitución. Y que afortunadamente no son dependencias subalternas de la Casa de Nariño.

El gobierno vive muy preocupado de cómo se leen en el exterior sus actuaciones. No debería olvidar entonces que nada será peor recibido en los círculos financieros y bancarios del exterior que un poder ejecutivo tratando de avasallar o en todo caso de agredir verbalmente al Banco Central. Gústele o no sus decisiones.
Además, el argumento de fondo con el que el presidente Uribe vapuleó al Banco de la República no podía ser más disparatado: le critica al Emisor que no esté prestándole oído a la opinión pública antes de tomar sus decisiones. ¡Qué tal esa tesis! Con esa argumentación ningún Banco Central tomaría decisiones que a menudo tienen que ser dolorosas.

Con esta lógica presidencial, como las medidas antiinflacionarias nunca son en una primera instancia bien recibidas por la opinión pública (¿a quién le gusta que suban las tasas de interés, o que se incrementen los encajes, o que se restrinja el crédito?), los bancos centrales tendrían que reducirse a la inmovilidad.

Por esa misma razón es que, por ejemplo, la ley estatutaria de de las consultas ciudadanas prohíbe que a través de ese mecanismo se le consulte a la ciudadanía sobre medidas que tienen que ver con la imposición de tributos. ¿Qué consulta o referendo ciudadano va a contar con la mayoría de votos necesaria para imponer nuevos impuestos o contribuciones de valorización? Ya en Medellín hubo una desafortunada experiencia en este sentido.

Los directores del Banco de la República lo mismo que los magistrados de las altas Cortes no cuentan para responder al Júpiter tronante de la Casa de Nariño, ni con los micrófonos ni con los reflectores de que siempre dispone cualquier pronunciamiento presidencial que los increpe.

Pero mal servicio se le presta al la institucionalidad del país y al respeto mutuo que debe observarse entre los altos poderes del Estado, cuando uno de ellos- por popular que sea- y solo porque discrepa de las decisiones del otro, cree que la mejor manera de disentir es echándole encima los perros bravos de la opinión pública. Con eso no se hace más que crispar más al país. Y nada se resuelve.

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