Juan Carlos Restrepo

El santo Grial de la crisis

En Colombia el Banco de la República tardó cerca de dos años en percatarse que estábamos en plena re

Juan Carlos Restrepo
POR:
Juan Carlos Restrepo
noviembre 04 de 2008
2008-11-04 07:31 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/18/56c651e35749a.png

Dice Ben Bernanke -el actual presidente del Federal Reserve Bank-, que "entender la gran depresión es el Santo Grial de la macroeconomía".

Una pregunta que a menudo se ha planteado en las tormentosas semanas financieras que se han vivido últimamente, es precisamente ésa: ¿se parece esta crisis a la de los años treinta del siglo pasado? ¿Vamos hacia algo parecido? ¿Dónde podemos encontrar al esquivo Santo para darle una explicación plausible a lo que está aconteciendo? ¿Podría entrar Colombia en una recesión como la que vivió entre 1931 y 1935?

Leyendo los ensayos del entonces académico Bernanke (Essays on the great Depresión, Princeton University Press, 2004), la conclusión que queda es que lo que estamos viviendo es bien distinto a lo que sucedió en el mundo hace 80 años. Y que aunque la crisis actual es supremamente grave, los riesgos de que se transforme en una macrorecesión de larga duración como la de aquel entonces son muy remotos.

En primer lugar (así concluye Bernanke), el detonador de la gran crisis de los años treinta fue una deficiente política monetaria. En vez de bombear liquidez rápido y abundantemente cuando comenzaron a aparecer los síntomas de recesión, lo que hicieron los bancos centrales fue contraer aún más la oferta monetaria.

En Colombia (como lo relata dramáticamente don Esteban Jaramillo en sus memorias), el Banco de la República tardó cerca de dos años en percatarse que estábamos en plena recesión. Y que era su responsabilidad actuar con una política monetaria mucho más expansiva.

Estamos lejos de que esto vuelva a suceder. Los bancos centrales tienen bien aprendida la lección. Gozan de mejores instrumentos que entonces. Y la manera como tanto en Estados Unidos y en Europa se han inyectado a la economía inmensas cantidades de liquidez desde que comenzó la crisis es buena muestra de que no se repetirá el error.

En segundo lugar: en vísperas de la recesión de los años treinta el mundo se encontraba, no solo a las puertas de una guerra mundial, sino inmerso en una política proteccionista que buscaba a toda costa restringir el comercio. Era el resultado de la desaparición del patrón oro como consecuencia de la declaratoria de inconvertibilidad de la libra esterlina en 1931.

Nada de esto sucede ahora. El mundo es mucho más abierto y globalizado. Prevalece con dificultades, claro, pero prevalece, una filosofía de libertad en el comercio internacional que estaba ausente al comenzar la crisis de los treintas.

La coordinación -por último- es ahora mucho más expedita entre los países. Durante la recesión de los años treintas la comunidad internacional no pudo ponerse de acuerdo con prontitud para combatir conjuntamente la crisis, o tardó cerca de tres años para empezar a hacerlo. En esta ocasión, como un ejemplo de sincronización rápida, los principales bancos centrales del mundo lograron ponerse de acuerdo en cuestión de horas para bajar al unísono sus tasas de interés.

La crisis es grave por supuesto. Y si no se le desactiva podría tener un potencial destructivo aún peor que el que tuvo durante los años treintas. Pero confiemos en que no será así. Y que el santo Grial de la dolorosa experiencia de los años 30 del siglo XX nos sirva para evitar estragos similares en este despertar del siglo XXI.

jotacrestrepo@yahoo.es

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado