Juan Carlos Montoya A.

La inseguridad en las ciudades

Son las alcaldías y gobernaciones los llamados a liderar los procesos de transformación y el cambio

Juan Carlos Montoya A.
POR:
Juan Carlos Montoya A.
febrero 22 de 2011
2011-02-22 12:25 a.m.
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Los gobiernos locales tienen en sus manos una alta responsabilidad frente a los temas esenciales del desarrollo. Si bien el enfoque público-privado, la responsabilidad social de las empresas, de los ciudadanos, universidades y demás actores, aportan y generan respuestas a los desafíos siempre crecientes de la sociedad, son las alcaldías y gobernaciones los llamados a liderar los procesos de transformación y el cambio hacia sociedades sostenibles, seguras, que superen la pobreza y aceleren el desarrollo.
Esto, si se tiene en cuenta que lo que estamos viendo en el país es la displicencia y el desgano de muchos alcaldes y gobernadores, y por ende de sus equipos de trabajo, por liderar con entereza, capacidad técnica, gerencial, sentido humano y valor político, los problemas que les agobian. Es desde la forma en que se ha afrontado la penosa tragedia invernal –de manera ineficiente e inoperante– hasta la creciente inseguridad y violencia urbana que los delincuentes trazan a sus anchas sus propias divisiones territoriales para ejercer ‘soberanía delictiva y de tráfico de drogas’. Mientras tanto, los políticos locales se especializan en sacar excusas, culpar a todo el mundo, y abocarse a explicar las razones y causas que originan los graves problemas que afrontan, cuando lo que debería suceder es que ellos tomen las riendas del liderazgo, asuman su responsabilidad y decidan generar las condiciones, facilitar los procesos, generar las alianzas regionales, nacionales e internacionales necesarias para ejecutar e implementar acciones de políticas públicas que reorienten la gobernanza local hacia una política de resultados. Además, es necesario que los ciudadanos se sientan protegidos y representados y que los temas esenciales de seguridad, movilidad y transporte, desarrollo productivo, educación de calidad y con capacidad de innovación, infraestructuras y servicios públicos, en el marco de la libertad y la democracia, sean las que den fe del desempeño público y el buen gobierno. No es posible pensar que toda una sociedad tenga que sufrir las externalidades de una mala e inadecuada gobernanza. Todo esto nos llama a reflexionar sobre el decisivo papel de alcaldes y gobernadores para el desarrollo, y el deber de los ciudadanos de saber elegir a sus dirigentes.
Claro está, también debe mencionarse, que el Gobierno Nacional, quien marca las líneas generales de las políticas de Estado, las definiciones macroeconómicas, orienta la defensa y la seguridad nacional, la forma de gobierno, es el núcleo fundamental sobre el que se articulan y complementan las acciones locales, y no por ello se desconfigura o se pierde el poder y la autonomía local, ni mucho menos su responsabilidad en materia de gobernabilidad y seguridad.
Considerando la creciente inseguridad y violencia en las ciudades, no cabe duda de que el principal motor de desarrollo y eje transversal para ejercer la gobernanza local es la seguridad. Es la posibilidad de que los niños y jóvenes puedan ir a estudiar sin temor a ser atracados o violentados, de que los emprendedores y empresarios puedan ejercer sus actividades productivas sin miedo a ser extorsionados, de que los ciudadanos puedan salir y hacer uso del transporte público, sin que estén acechados constantemente por delincuentes; es la posibilidad de que los más pobres puedan buscar oportunidades, de que los que tienen capital reafirmen sus inversiones y con ello generen empleo, se atraiga el turismo; es el hecho de reorientar el rumbo de una sociedad fragmentada, perdida en los conflictos sociales, que requiere de alcaldes y gobernadores capaces de darle seguridad a sus ciudadanos con gobernanza local.

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