Juan Lucas Restrepo Ibiza

Como escopeta de regadera

Juan Lucas Restrepo Ibiza
POR:
Juan Lucas Restrepo Ibiza
enero 30 de 2014
2014-01-30 02:53 a.m.
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Los datos son claves para saber si las políticas y programas avanzan en la dirección correcta. Hace dos años se montó en Corpoica -con patrocinio de Minagricultura- un observatorio de ciencia y tecnología del sector agropecuario que comienza a publicar información en la plataforma www.siembra.gov.co. Una primera lectura muestra una locomotora que va cogiendo velocidad en una carrilera desvencijada, con alto riesgo de descarrilamiento. Veamos por qué.

La inversión en Ciencia y Tecnología (CyT) en el sector apenas promedió 0,7% del PIB agropecuario en el periodo 2000- 2012, muy por debajo de otros países de la región. Entre Minagricultura, Colciencias y los fondos parafiscales, sus principales financiadores, apenas se invirtieron unos $200.000 millones anuales en promedio. Tras la reforma del Sistema General de Regalías (SGR) para CyT, el sector dio un primer salto cuántico y este indicador hoy ronda el 1,1% del PIB sectorial. Hasta ahí todo bien.

El ramo agropecuario ha sido el campeón en captar recursos del SGR. Ha logrado 76 proyectos, que con una financiación de $445.000 millones, comprenden el 38,4% de los recursos aprobados por el SGR en CyT hasta la fecha. Sin embargo, al revisar el detalle de los mismos, surgen una serie de preocupaciones. El ganador es ganadería, con 15 proyectos y el 27% de los recursos, seguido por café, con 9 proyectos y el 12% de los recursos, y cacao, con 5 proyectos y el 5% de los recursos. ¿Está ahí concentrada la demanda tecnológica del sector productivo? ¿Es esa la distribución financiera que necesitamos para enfrentar los TLC? El 69% de los recursos se concentran en Antioquia, Córdoba, Cundinamarca y el Cauca. ¿Dónde queda el resto del país agropecuario?

Solo el 6% de los recursos están asociados a ‘material de siembra y mejoramiento genético’, una de las necesidades más sentidas del sector, y las áreas de ‘manejo sanitario y fitosanitario’ y de ‘suelos y aguas’, claves para mejorar la productividad, no llegan ni al 1% de los recursos, cuando ahí hay grandes dificultades. Buena parte de la plata se va en un genérico ‘manejo integrado del sistema productivo’, y ‘fortalecimiento de laboratorios, centros y parques’ que usará unos $122.000 millones, cuando el país tiene infraestructura científica ociosa; más infraestructura desarticulada va en contravía a la necesaria colaboración científica, y genera altos gastos fijos y recurrentes para sostenerla. Para completar, no hay mecanismos para que los proyectos se hablen y complementen, lo que implicará más duplicidades y confusión en el ramo productivo.

Me preocupa también cómo garantizar el rigor científico para resolver las problemáticas planteadas. Resulta que de los nueve proyectos en café solo aparece Cenicafé, el centro con más capacidades y tradición en este cultivo en uno de ellos, y de 14 universidades que participan en dichos proyectos, ocho no tienen ni siquiera grupos de investigación relacionados con café. Este ejemplo es una constante en lo aprobado; no hay una adecuada relación entre los que se ganaron la plata y los grupos de investigación reconocidos que deberían ser aliados en estas iniciativas. ¿Quién, entonces, va a garantizar la calidad en los resultados para el sector?

El inicio de la financiación del SGR en CyT parece una escopeta de regadera. Estos nuevos recursos son necesarios, pero urge establecer un Sistema Nacional de Innovación Agropecuaria que desde la buena gobernanza, maximice el beneficio para la sociedad de las iniciativas nacionales y regionales.

¡Tener cifras e indicadores es un buen inicio!

Juan Lucas Restrepo

Director de Corpoica

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