Juan Lucas Restrepo Ibiza

Mirándonos el ombligo

Juan Lucas Restrepo Ibiza
Opinión
POR:
Juan Lucas Restrepo Ibiza
noviembre 20 de 2014
2014-11-20 04:34 a.m.
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Nuestro agro necesita soluciones tecnológicas propias hechas a la medida. En esta columna, he venido planteando que el trópico colombiano no tiene muchos países con ambientes tropicales análogos y sistemas de producción con buenos índices de productividad, donde podamos ir a buscar y comprar tecnologías que, con poco esfuerzo, se adapten a nuestras condiciones. Elevar nuestra productividad y ser más competitivos requiere un alto nivel de esfuerzo propio.

Nuestra geografía hace que la oferta agroambiental sea muy heterogénea. Producir plátano en el Sinú en el Ariari o en el Eje Cafetero no es igual, lo que hace que cada sistema de producción en un territorio requiera de modelos de producción específicos y diferenciados.

Por un par de décadas, los gobiernos de turno ignoraron esta realidad y prácticamente dejaron de invertir en innovación en el agro colombiano (en otros sectores también), dejando a Colombia en el grupo de coleros en sus niveles relativos de inversión en esta materia y consecuentemente con resultados pésimos en mejoras de la productividad agropecuaria, que en la mayoría de cultivos se estancó.

Hoy, esta situación comienza a mejorar. Se modificó el sistema general de regalías para que 10 por ciento de las mismas sea invertido en ciencia y tecnología en las regiones y el Ministerio de Agricultura ha ido incrementando sus presupuestos en esta materia. Aunque hay falencias en las instituciones que investigan y que llevaban años a la defensiva administrando pobreza, se va mejorando a buen ritmo.

En Corpoica, la entidad del Estado que apoya al Ministerio de Agricultura en investigación, desarrollo tecnológico y transferencia de tecnología, la situación también mejora gracias a este renovado interés del sector público en promover innovación en el sector. A finales del 2010, Corpoica contaba con menos de 70 doctorados en su planta de personal y a comienzos de 2015 alcanzará 120, muchos de los cuales están en proceso de regresar a Colombia, luego de años por fuera del país.

Sin embargo cuando las cosas van bien es cuando hay que tener más cuidado. Una cultura de autocomplacencia y de ‘mirarnos el ombligo’ es riesgosa, especialmente cuando hablamos de ciencia y tecnología.

Hoy, la forma como se investiga y se gestiona conocimiento exige altos niveles de colaboración. Resolver las principales limitantes tecnológicas en los sistemas productivos empieza y termina en los territorios específicos, pero también tiene que contar con el aporte de investigadores de diversas disciplinas en otros lugares que trabajen en temas afines. En caucho, sin el concurso de investigadores de Brasil, Malasia, Francia, empresas y universidades colombianas, entre otros, es poco lo que se logrará avanzar. Colaborar pasa de ser una opción a una obligación y esto requiere cambios culturales de los investigadores nacionales que, con frecuencia, solo saben trabajar solos, así como cambios en las políticas.

Otro riesgo es que se nos exalte la soberanía. Siguiendo los debates sobre semillas y recursos genéticos, se leen posiciones de autosuficiencia en esta materia. Aunque nuestra agrobiodiversidad es enorme y hay que acelerar su aprovechamiento, nuestra agricultura requiere igualmente contar con materiales genéticos exóticos (de otras latitudes), sobre los cuales investigar y basar nuevos productos tecnológicos. Por ejemplo, prácticamente todo el pasto que se comen nuestras vacas viene de África y las vacas también vienen de otras partes. Aceptar y administrar la interdependencia de nuestra agricultura con otras en el mundo es también una obligación para mejorar nuestra productividad.

Juan Lucas Restrepo
Director de Corpoica
@jlucasrestrepo

 

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