Juan Lucas Restrepo Ibiza

Nacimos pa’ semilla

Juan Lucas Restrepo Ibiza
POR:
Juan Lucas Restrepo Ibiza
diciembre 05 de 2013
2013-12-05 01:05 a.m.
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La semilla que usa un agricultor responde por alrededor de la mitad del resultado de su cultivo.

Cada semilla es un mundo aparte y su desempeño está íntimamente asociado a la interacción de su composición genética y el ambiente local.

Se puede tratar de una semilla nativa o exótica, seleccionada, por lustros, por agricultores en sus comunidades o resultado de un proceso de investigación y desarrollo; puede ser una semilla estable que se cosecha y resiembra sin que cambie mucho, o puede ser una semilla que se aleja genéticamente de la original en cada siembra; puede ser transmisora de enfermedades o una semilla sin mayores problemas sanitarios.

En el ambiente caldeado del sector agropecuario, el tema de semillas se agrega en un solo sancocho y se sazona con argumentos ideológicos sobre derechos y normas, pero no se propone en concreto cómo asegurar que las semillas contribuyan efectivamente a resolver problemas de agricultores específicos en cultivos específicos, para que les entre más plata. Usemos la papa como ejemplo, cultivo de moda, y uno de los más complejos en semillas.

En papa, se cultivan en Colombia aproximadamente 130.525 hectáreas (ha), con rendimientos promedio de 21 t/ha, muy por debajo de países como Bélgica y Nueva Zelandia, que producen 50 y 49 t/ha respectivamente.

Se estima que el 8% de la producción nacional se destina para la industria y lo demás al mercado fresco.

El 5% de la producción proviene de semillas certificadas y el resto de un mercado informal en el que cualquiera es proveedor y usuario. Se siembra semilla en los páramos, se guarda de la cosecha anterior, se usa papa de consumo como semilla y se intercambia entre vecinos, etc.

El problema no es la informalidad o que los campesinos ejerzan su privilegio de guardar parte de su cosecha para resembrarla.

El inconveniente es que, en el sistema actual, las semillas de papa se van degenerando genéticamente y son vehículo de plagas y enfermedades que obligan a incrementar la carga de pesticidas y, por ende, los costos de lo producido.

Las consecuencias son dramáticas: un campesino que use una semilla con genética y sanidad garantizada frente al que usa una semilla promedio del sistema informal puede producir 30-40 t/ha y no los 21 t/ha de hoy, y la rentabilidad de su cultivo será mucho mayor. ¡Sencillo!

Esta gran brecha presenta una obligación para el Estado como proveedor de bienes públicos.

¿Cómo? Se deben establecer y capacitar asociaciones locales de campesinos productores de semillas certificadas, y que Corpoica apoye el desarrollo de una cadena de suministro de las variedades predilectas de amas de casa e industria (siguiendo al mercado).

Partiendo de plantas madre que se conservan en fincas de agricultores, en los bancos de germoplasma de la Nación o en instituciones que desarrollan materiales, y usando tecnologías para la producción acelerada de semilla limpia, que incluyen esquemas como la aeroponía para la producción a bajos costos de los primeros minitubérculos, se genera un flujo de semillas de alta calidad genética y sanitaria hacia las asociaciones, para que estas las siembren, multipliquen y comercialicen entre sus asociados, y vecinos.

El agricultor ira teniendo, entonces, opciones que hoy no tiene; al 2016 esperamos pasar del 5% al 15% en el uso de semillas certificadas en papa, inyectando vigor, calidad y productividad al cultivo. Resolver los problemas de los papicultores pasa por muchos otros retos, pero exige una solución sobre su problemática de semillas. En esas estamos.

Juan Lucas Restrepo

Director de Corpoica

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