Juan Lucas Restrepo Ibiza

¿Cuál Niño?

Juan Lucas Restrepo Ibiza
Opinión
POR:
Juan Lucas Restrepo Ibiza
julio 31 de 2014
2014-07-31 04:13 a.m.
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Son impactantes las imágenes que vemos por estos días de vacas muertas y paisajes desérticos, donde hace unos meses veíamos las mismas vacas gordas en potreros con pastos suculentos. El actual fenómeno de El Niño disminuyó drásticamente las lluvias en muchas zonas del país y está generando estragos. Hace tres años, algunos de estos lugares estaban bajo el agua, dados los excesos de una Niña que también generó pérdidas cuantiosas. Aceptemos que estas situaciones atípicas ya son lo típico y adaptémonos a esta realidad.

Hay mejores imágenes. En el sur del Atlántico hay un grupo de productores que en medio de la sequía andan tranquilos ordeñando sus vacas. Administran diligentemente sistemas de producción silvopastoriles que establecieron con apoyo del Gobierno y la orientación de Corpoica. Un sistema silvopastoril es una combinación de pasturas, arbustos, árboles y un modelo de manejo que está demostrando que intensifica la producción pecuaria y soporta mejor los rigores del cambio climático.

Algunos de estos productores que lograban en épocas lluviosas con su sistema tradicional cuatro litros de leche por hectárea al día y prácticamente nada en los veranos, hoy superan los 17 litros, cuadriplicando su producción. En los últimos dos años se establecieron en esta región 2.400 hectáreas silvopastoriles para 684 productores que fueron damnificados en la pasada ola invernal. No todos han logrado estos resultados, ya que depende de la capacidad y voluntad de los productores para medírsele al nuevo modelo, que es más exigente en prácticas culturales, y no todos le han puesto el mismo empeño, y también algunos abusaron de sus sistemas metiéndoles demasiados animales y dañaron sus hectáreas. Pero hay suficiente evidencia de que funcionan.

Un sistema silvopastoril es un buen derrotero para toda la ganadería, pero, mientras se crean las condiciones para llegar allá, hay alternativas alimentarias sencillas que deben adoptarse para evitar las ‘vacas flacas’. Un pequeño ganadero puede aprovechar el pasto que le sobra en el invierno para fabricar pacas de heno caseras; producir con urea, melaza y subproductos de cosecha bloques multinutricionales que aportan energía a los animales en momentos críticos; sembrar cultivos que se cosechan y conservan ensilados para el verano, etc.

Existen alternativas que le permiten a un pequeño productor, con su mano de obra y costos mínimos, prepararse para los veranos sin tener que perder sus animales o venderlos a malos precios.

Otra limitante fuerte es el agua que beben los animales. Una vaca en verano puede necesitar entre 60 y 100 litros de líquido al día. Las soluciones tradicionales han sido pequeños reservorios, llamados jagüeyes, que se nutren de las lluvias y unas veces alcanzan para superar el verano, pero otras no. Hoy, hay un buen número de alternativas de ‘cosecha de agua’, pero destaco un sistema llamado hidrosilo, que bombea agua desde unos pocos metros de profundidad (aprovecha los niveles freáticos) a una torre desde la cual se distribuye por gravedad a los bebederos de lotes y fincas. Un hidrosilo completo con pozo, bombas, paneles solares y bebederos cuesta unos 35 millones de pesos y atiende 350 vacas adultas por día, solucionando el problema estructuralmente.

¿Cuál Niño?, diremos a futuro. Para la ganadería y un buen número de sistemas agrícolas, existen soluciones que mitigan el impacto climático a costos muy inferiores a subsidiar y compensar a los damnificados.

Juan Lucas Restrepo

Director de Corpoica

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