Juan Lucas Restrepo Ibiza

El país maíz (II)

Juan Lucas Restrepo Ibiza
Opinión
POR:
Juan Lucas Restrepo Ibiza
abril 23 de 2015
2015-04-23 05:57 a.m.
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En los años 70 y 80, la inversión pública en investigación y desarrollo tecnológico era central en la política agropecuaria nacional. Manuel Torregrosa (q. e. p. d.) lideraba un grupo multidisciplinario de investigadores, que –desde el ICA– trabajaba en maíz. Desarrollar una variedad les tomaba de cinco a siete años. Crearon un portafolio de variedades para el Caribe hasta los altiplanos, que fueron adoptadas por gran parte de los agricultores.

La apertura, la introducción de híbridos orientados a cultivos de maíz tecnificados y una política agrícola de más apoyos directos que de apoyo a la investigación, prácticamente detuvieron los desarrollos en variedades de maíz. Sin embargo, el maíz tradicional que utiliza variedades aún es un gran jugador en la agricultura colombiana, y lo seguirá siendo.

En el 2013, según las evaluaciones agropecuarias del Ministerio de Agricultura, se sembraron 404 mil hectáreas de maíz tradicional. De acuerdo con Fenalce, fueron 255 mil hectáreas. Cualquiera de las cifras, aun así de distantes, posicionan al maíz tradicional en el ‘top cinco’ de la agricultura, en cuanto al uso de la tierra.

¿Qué maíz siembra hoy la agricultura en el sistema tradicional? Las variedades que hace casi tres décadas desarrolló el ICA, y maíces tradicionales regionales como el chococito, en Pueblo Rico, Risaralda, que siembran comunidades indígenas; guacavía, en el Piedemonte llanero; puyita, en Norte de Santander, y clavito, Boyacá. La producción es consumida directamente por los productores, se comercializa, y se utiliza para arepas, bollos y alimentación animal.

Estas variedades presentan varias limitantes. Se han degradado con el paso del tiempo, perdiendo su pureza genética y su techo productivo, presentan problemas fitosanitarios y serían obsoletas frente a las variedades que hoy se podrían producir con tecnologías avanzadas. Estas desventajas deben ser leídas como una gran oportunidad que ya se comienza a comprender y aprovechar.

Corpoica, con el apoyo del Ministerio de Agricultura y del ICA, comenzó hace dos años a rescatar siete variedades mejoradas del ICA y algunas tradicionales, limpiándolas y purificándolas para devolverlas a las comunidades en un programa llamado ‘Plan Semilla’. El Sena también contribuye, en el marco de este plan, para que asociaciones de productores locales aprendan a manejar y comercializar sus semillas. Por otro lado, se debe reactivar el desarrollo de nuevas variedades. Corpoica, para la zona Caribe, desarrolló dos variedades: la V-114 y la V-159, que superan a las presentes y se comienzan a adoptar.

Pero lo mejor está por venir. El mundo cuenta hoy con buen conocimiento del genoma y la genética del maíz, y posee herramientas para aprovecharlo. Hay disponibles tecnologías como la de dobles haploides, que permiten generar nuevas variedades puras, seis veces más rápido que por mejoramiento convencional, duplicando células que tienen la mitad de los cromosomas deseables y generando desde ahí la nueva planta. Estas se usan como progenitores que se polinizan con otras variedades puras y crean las llamadas ‘sintéticas’, que poseen alto vigor y estabilidad en su descendencia, lo que permite que el productor pueda resembrar de lo cosechado y mantener buena productividad. Con los bancos de germoplasma colombianos y estas herramientas, se pueden crear variedades superiores, con atributos alimenticios diversos y más resistentes al clima y a las plagas.

Maíz para el pequeño productor, que le rinda y rente más. Treinta años tarde, pero ¿por qué no?

Juan Lucas Restrepo

Director de Corpoica

@jlucasrestrepo

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