Juan Lucas Restrepo Ibiza

‘La vaca que ríe’

Juan Lucas Restrepo Ibiza
POR:
Juan Lucas Restrepo Ibiza
enero 03 de 2014
2014-01-03 01:11 a.m.
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 ‘Ganaderización’ es un término acuñado durante los últimos veinte años para referirse de forma negativa a la producción bovina en Colombia.

Según datos de Fedegán, la ganadería ocupa un poco más de 39 millones de hectáreas, con 23,6 millones de cabezas que nos entregan anualmente 960 mil toneladas de carne y 6,5 millones de litros de leche para el consumo doméstico.

Los expertos del agro predican que la ganadería debería concentrarse en la mitad del espacio que hoy ocupa, produciendo lo mismo y liberando tierras para otros usos.

La discusión no debería centrarse en cuánta tierra emplear, sino en cómo mejorar la eficiencia para ganarnos una buena porción de los 200 millones de toneladas adicionales de carne y el 58% más de consumo de lácteos que va a demandar el mundo en el 2050, según la FAO, y para lo que nuestro trópico tiene todas las ventajas.

Será la vaca, en un sistema productivo eficiente, la que le ponga la presión económica a sus colegas para que compitan o se salgan del negocio. Hoy, hay un conocimiento que comienza a hacer de la intensificación sostenible de la ganadería algo posible.

En la Costa Atlántica se han venido desarrollando modelos silvopastoriles, que logran pasar de una cabeza a cuatro o cinco por hectárea con indicadores productivos muy superiores.

En el triángulo del Sur del Atlántico, casi 700 familias damnificadas por la ola invernal 2010-2011 establecieron 2.400 nuevas hectáreas silvopastoriles que combinan pasturas, arbustos y árboles, y están aprendiendo a ser buenos pastores para sacarle el mayor provecho a su nuevo negocio, y a punta de leche y terneros salir de la pobreza.

Este será el gran laboratorio demostrativo que ayudará a que esta práctica se expanda en esa región y pase a otras, donde se vienen ajustando y validando estos modelos.

Para los que no estén listos a dar el salto silvopastoril y trabajan de forma extensiva en pasturas degradadas, que no han sido intervenidas por décadas, pueden renovar con cultivos como maíz, que dejan establecida la nueva pradera, minimizan la inversión neta y mejoran la carga ganadera, o, como mínimo, cincelar y airear sus suelos.

Frente a los veranos que bajan la oferta de los pastos y hacen que los ganaderos tengan que liquidar parcialmente sus hatos, comienza a surgir un portafolio de herramientas tecnológicas, como yuca forrajera, sorgos dulces, maíces, avenas, entre otros, que proveen alimentos a menores costos y comienzan a permitir pasar los veranos sin tener que vender animales cuando no toca, mejorando así el negocio.

El pasto tiene que ser prácticamente toda la dieta y los suplementos no producidos en la finca deben disminuir drásticamente. Según Fedegán, en Antioquia el 34% de los costos de producción de leche especializada es la compra de suplementos, lo que le pega duro a su competitividad. Otra herramienta poderosa y sencilla son las cercas eléctricas, que permiten que la vaca coma más y pise menos su comida.

En la alimentación eficiente está buena parte de la competitividad.

Hay otros indicadores que se deben mejorar: el eslabón más débil de la cadena cárnica es el de la cría, en el que hay tecnología disponible que debería adoptarse si queremos ser grandes exportadores.

El manejo del agua, el cambio climático y la reducción de gases efecto invernadero también son claves. Si intensificamos la ganadería, llegará el momento en que la ganaderización deje atrás su estigma y se relacione con progreso. En esas estamos.

Juan Lucas Restrepo*

Director de Corpoica jlrestrepo@corpoica.org.co

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