Juan Lucas Restrepo Ibiza
columnista

Las semillas de paz

Hay varios grupos de semillas que no están cubiertos por ninguna normatividad y en los cuales hay mucho por hacer.

Juan Lucas Restrepo Ibiza
Opinión
POR:
Juan Lucas Restrepo Ibiza
noviembre 16 de 2016
2016-11-16 08:06 p.m.
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Sigo escéptico. Pienso que voceros del ‘No’ y del ‘Sí’ hacen más cálculos electorales que análisis de conveniencia frente al nuevo acuerdo. Espero equivocarme y que reine la sensatez en todos los bandos, se reconozcan las mejoras sustanciales logradas y que pasemos a la página de la implementación, sin fracturar más nuestra sociedad.

En el acuerdo sobre la reforma rural integral, que me sigue gustando, los ajustes hicieron más explícitos asuntos como que su implementación se basa en la Constitución y las leyes vigentes, en el respeto a la propiedad privada, y reconociendo la importancia de la agricultura comercial de escala y sus encadenamientos con la agricultura familiar.

Uno de los temas que se ajustó, con el mismo espíritu, es el relacionado con semillas. El nuevo texto incorporó lo subrayado y quedó así: “La promoción y protección de las semillas nativas y los bancos de semillas, sin restringir ni imponer otro tipo de semillas como las mejoradas, híbridos y otras, para que las comunidades –hombres y mujeres– puedan acceder al material de siembra óptimo y, de manera participativa, contribuyan a su mejoramiento, incorporando sus conocimientos propios...”.

Estas líneas son la punta del iceberg de una de las mayores falencias que tiene nuestro agro y que debemos dedicarnos a resolver, bajando de un discurso ideológico y confuso a una realidad productiva, que es necesario afrontar con mayor decisión.

Hay varios grupos de semillas que no están cubiertos por ninguna normatividad y en los cuales hay mucho por hacer. Lo nativo, o las ‘semillas nativas’, entendidas como originarias de una región particular y que no han sido introducidas a esta por el hombre, son pocas y tienen una relevancia mínima en nuestra agricultura. Debemos promoverlas y protegerlas reconociendo su valor para comunidades particulares.

También hay cultivares en manos de los agricultores que tienen distintas denominaciones informales tales como ‘criollos’ o ‘regionales’, donde hay mucho por hacer, ya que responden por buena parte de la producción. Gran parte de estos materiales fueron introducidos desde otros países, o mejorados hace décadas.

En muchos casos, se encuentran degradados en su calidad genética o fitosanitaria, y, por lo tanto, su productividad es muy baja. Trabajar en su recuperación, conservación y promoción es urgente, debido a que muchos de ellos soportan la actividad agrícola de pequeños y medianos productores en la actualidad y son claves para sus ingresos actuales y futuros.

Cuando se habla de “otro tipo de semillas, como las mejoradas”, se aborda el mundo de los materiales de siembra, que son el resultado de procesos de mejoramiento genético y que hoy son cubiertos por la resolución 3168 de 2015, del ICA, que reglamenta y controla su producción, comercialización y siembra en el país. En este grupo hay más apoyo del Estado y una participación activa del sector privado, pero su penetración y aprovechamiento por parte de los productores es bajo, en la mayoría de las cadenas, y subsiste un alto grado de informalidad en su uso.

El mandato clave del nuevo acuerdo en esta materia es el de “acceder al material de siembra óptimo”. Ahí es donde el Estado y el sector privado tienen que concurrir. Con el Ministerio de Agricultura trabajamos en esta dirección y estamos recuperando 92 cultivares de productores y 49 materiales mejorados, claves para la productividad de la agricultura nacional. Son las semillas de la paz.

Juan Lucas Restrepo I.
Director Ejecutivo de Corpoica
jlrestrepo@corpoica.org.co

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