Juan Lucas Restrepo Ibiza
columnista

Cambio de tema

El sector agropecuario debe no solo recuperarse y mejorar su productividad, sino comenzar a prepararse para ser un jugador de primera.

Juan Lucas Restrepo Ibiza
Opinión
POR:
Juan Lucas Restrepo Ibiza
julio 05 de 2017
2017-07-05 09:27 p.m.
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La semana pasada, los miembros de las Farc entregaron su armamento individual. Un hecho histórico que me llena de esperanza. Todo indica que seguirán, a pesar de los escépticos, cumpliendo con lo pactado, y que en agosto del 2018 será poco o nada lo que haya para renegociar o ajustar, sobre todo cuando es bastante seguro que el Ejecutivo y el Legislativo también hayan avanzado bastante en honrar su parte de los compromisos.

¿Vale la pena, entonces, sufrir otro debate electoral contaminado con el tema de un acuerdo que, ojalá, en ese momento, ya haya pasado de moda? ¿Vale la pena que nos dejemos llevar como borregos por discursos extremistas que buscan anclarnos al pasado? ¿No será hora de pasar la página, ‘desfarquizar’ el ambiente político y comenzar a mover el debate sobre las necesidades y oportunidades para tener una mejor Colombia?

Los colombianos que hoy están naciendo tendrán una expectativa de vida de unos cien años y un entorno más pacífico que el que nos tocó a nosotros. Sus ingresos serán mucho mejores que los actuales y sus preocupaciones muy distintas a las nuestras. Nacen en un planeta tan frágil, golpeado por el cambio climático y tan contaminado, que sus decisiones de vida van a estar relacionadas con esa realidad. Si no entendemos esto no hay paz que importe.

En este entorno, el agricultor, el que produce los alimentos que todos necesitan, podría pasar a ser un héroe y una figura central en la sociedad. Su trabajo, más que buscar llenarles la barriga a los consumidores, se dedicaría a proveerles los nutrientes, metabolitos, antioxidantes y otros elementos clave para que mejoren su calidad de vida, y también a entregarles sabores fantásticos y diversos que les generen experiencias y placer.

Lo producido localmente con pocos kilómetros de transporte, probablemente será preferido y logre mejores precios. Los sistemas productivos que aprovechen más eficientemente y conserven mejor los recursos naturales serán los preferidos por el mercado. Cualquier residuo tóxico en un alimento, o cualquier exceso en el uso de insumos inorgánicos será fuertemente castigado.

Hay señales claras que indican que este escenario futuro puede convertirse en realidad más temprano que tarde. Los consumidores conscientes están en alza y eso lo tienen claro gigantes como Amazon, que acaba de comprar a Whole Foods, la cadena de supermercados de alimentos funcionales y orgánicos más importante del mundo.

La investigación también está al tanto de estas señales y viene generando todo tipo de tecnologías que apalancan ese futuro probable. Hay, por ejemplo, avances importantes en la producción más eficiente de proteínas para el consumo humano, que podrían ponerle presión a las carnes de origen avícola, bovina o porcina. La cría y el procesamiento de insectos como una fuente eficiente de proteína avanza, así como los desarrollos para hacer mucho más eficiente la piscicultura en el mismo sentido. En distintos campos del conocimiento, vemos ejemplos similares.

Nuestro sector agropecuario, víctima de la violencia de las últimas décadas, debe no solo recuperarse y mejorar su productividad, sino comenzar a prepararse para ser un jugador de primera, ante estos escenarios futuros, y un gran generador de bienestar. En este sentido la ciencia, la tecnología y la innovación deben estar en la base de cualquier estrategia que apunte en esta dirección.

Ojalá las campañas políticas le bajen a la pugnacidad y comiencen a tirar línea en los temas verdaderamente trascendentales para nuestro futuro.

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