Juan Manuel Pombo

Bajarse de la mula

Juan Manuel Pombo
Opinión
POR:
Juan Manuel Pombo
abril 24 de 2015
2015-04-24 03:29 a.m.
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Dicen que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen; y los dichos cuajan porque alguna verdad encierran, es decir, si el río suena, casi siempre piedras lleva. Las pestes consecutivas de abulia, saqueo y confusionismo que durante los últimos doce años han asolado a la ciudad de Bogotá, dan para un drama municipal a lo Lope o incluso para una tragedia citadina a lo Sófocles. Pero, para guardar las proporciones, aventuro más bien una fabulita a lo Esopo.

Los miembros de la generación de mi padre (alumbrado en 1924), quizá la primera generación en el país que pudiera llamarse con mediana propiedad ‘profesionales urbanos’ (llamémoslos ‘reyuppies de ruana, piquete y Campín), explicaban todos los males de la nación, particularmente los más torpes y evidentes, con el cliché de que tales cosas ocurrían porque el país había pasado de la mula al jet.

Verbigracia, un tío solía decir que la manera más eficaz de llamar de Fusagasugá a Nemocón, era vía Nueva York. En efecto, un radioteléfono en Nemocón o en Fusa era muchísimo más aparatoso y menos eficaz que ir hasta cualquiera de los dos pueblos y hacer la llamada, vía Nueva York, desde una cabina de Telecom. Cambio y Fuera.

Ahora, bajarse de la mula no es fácil, con o sin jet. Recuerdo una espera en el aeropuerto de Miami, en la que anunciaron la salida de varios vuelos a distintas partes del mundo sin más preámbulo ni sobresalto. De pronto, tras un carraspeo en el sistema de altavoces, seguido de un anuncio de Avianca, en el que se rogaba permanecer sentados y no correr a la puerta de salida número (a estas alturas inaudible), se armó un tropel en medio del cual todo el mundo corría para todos lados preguntando que qué y por qué y por dónde, que hizo imposible oír el aviso que aún no había terminado. Destino del vuelo: la capital de la República.

Y vienen de nuevo elecciones de alcalde. Y cuatro años más de desaciertos pueden desatar una última mortífera peste, pero al hallarnos desprovistos del coraje colectivo de Fuenteovejuna o la integridad individual de Edipo para salvarnos.

¿Seremos capaces de elegir una persona capaz de atender el sentido común que claman los oráculos?:

1) Poner en servicio el tren de cercanías sin más dilación antes de hundir una sola pala para el metro.

2) Chatarrizar de una buena vez y para siempre las busetas tres veces chatarrizadas.

3) Diseñar un buen folleto con todas las rutas de los buses SITP y uno con las de Transmilenio, en el que la ruta J23 no se llame H74 en su viaje de vuelta.

4) Imponer pico y placa para particulares todo el día y, por último,

5) acabar con el trancón de los idiotas que no han querido bajarse de la mula y se embuten en los cruces de semáforo cuando saben que no caben: multa de un salario mínimo para infractores y de medio para quienes rebuznen en la cola.

Juan Manuel Pombo

Profesor y traductor

juamanpo@yahoo.com

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