Juan Manuel Pombo
columnista

Composición de lugar

Dos mensajes de texto repletos de colombianidad que pueden aplicar casi para cualquier situación.

Juan Manuel Pombo
POR:
Juan Manuel Pombo
febrero 23 de 2017
2017-02-23 08:40 p.m.
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Recién estrenaba un teléfono celular, porque de lo contrario corría el riesgo de caer en una peligrosa marginalidad laboral, cuando me llegaron dos mensajes de texto (sms) perdidos. El uno, me conmovió. El otro, me sorprendió por su desparpajo. Ambos venían lastrados de colombianidad. Nunca me llegaron más.

El par de misivas eran, cada cual, una composición de lugar. Tal el nombre que recibía un ejercicio de redacción que hacíamos los viernes en clase de español durante los primeros años del bachillerato, y que consistía en decir algo con claridad y economía de recursos.

Curiosamente, al pensar en composiciones de lugar, lo primero que se me viene a la cabeza son los cuatro o cinco retablos suicidas que Harold, el protagonista de la película Harold y Maude (1971), monta, con lujo de detalles, para espanto de su madre, las autoridades escolares y eclesiásticas y las jovencitas casamenteras que su mamá llevaba a casa, motivo noviazgo/amistad, todo amenizado con soberbias canciones de Cat Stevens. Y luego, otro retablo fílmico, ese Quítate tú pa’ ponerme yo, con el que las Fania All-Stars alardeaban de su infinito talento musical y demostraron contar con más voces que dictadores cubanos para colar así, por la puerta de Puerto Rico-Nueva York, la salsa y el español a Estados Unidos con ese primer clásico del cine ‘latino’, ese juego de musical chairs, ese cuento de nunca acabar que se llamó Nuestra cosa latina (1972).

Pasemos ahora del cine, a la plaza de toros: el siguiente par de composiciones de lugar las tomo de Juan Belmonte, matador de toros, una biografía del torero que Darío Jaramillo (quien advierte que nunca ha sido aficionado a la fiesta), recomienda en la deliciosa página virtual de Luna Libros, Gozar Leyendo: Lagartijo, famoso matador de la segunda década del siglo XX, describe así su oficio: “O te quitas tú, o te quita el toro”; Belmonte, así su arte: “Ni te quitas tú, ni te quita el toro... si sabes torear”.

Ahora, veamos el par de misivas colombianas. La primera: “brayan no olvide tarjeta hoja lapis borrador sacapunta t.q.m. acuerdese ser pilo paga cuidese mijo suerte que dios lo vendiga selular no”.

La segunda: “hola maria con sara viniendo de ecuador me paro un reten de la policía y me salio una orden de captura vijente lo q mas me preocupa es q jorge el señor del camión q lleva mi trasteo no se dio cuenta y siguió el # es... llamalo q el no sabe para donde va prima lo q te voy a decir no se lo cuentes a nadie en las llantas de la cuatrimoto van 213 mil dólares de la venta de mi casa recuperalos como sea me van a quitar el celu apenas pueda te llamo chao”.

Se me antoja que dos proyectos rurales, las Zidres y las vías terciarias, alentarían aspiraciones como las de la primera misiva, y morigerarían ambiciones como las de la segunda a ve’ pa’ ve’ si por fin damos el salto agrario.

Juan Manuel Pombo
Profesor y traductor
juamanpo@yahoo.com

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