Juan Manuel Pombo

Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa

Juan Manuel Pombo
Opinión
POR:
Juan Manuel Pombo
abril 09 de 2013
2013-04-09 01:10 a.m.
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Tres grandes tópicos surcaron el cielo de los medios colombianos en las últimas semanas, a saber: la muerte de Chávez, los diálogos de La Habana y la elección del Papa.

En ocasiones, algunas cosas importantes ocurren ocultas al conocimiento del público, y eso puede ser grave.

Pero también hay otras cosas insulsas que nos embuten a las malas, y no hay refugio que valga. No se imaginan, por ejemplo, el alivio que fue pasar casi una década en Inglaterra sin enterarme del concurso de Miss Universo o de reinado de belleza alguno, para el caso.

Desde muy temprano me interesaron poco y nada los egipcios.

Unos tipos que pasaron tres mil años levantando pirámides a cual más descomunal y dejaron como herencia (además de las susodichas llenas de cadáveres embalsamados) un desierto igualmente descomunal miles y miles de km. a la redonda, ciertamente me parecen mucho menos interesantes que sus vecinos, al otro lado del Mediterráneo, que en muchísimos menos años, 600 por decir algo, además de unas preguntas que aún nos devanan los sesos, legaron unas columnas bien ventiladas a la luz del público y levantadas, no solo en honor a sus dioses (más locos que cabras, dicho sea de paso), sino también para que allí mismo los vivos deambularan, discutieran y mercadearan.

¡Cuánto mejor plazas de mercado y foros de debate que sarcófagos con inscripciones ininteligibles! ¡Cuánto mejor caminos, acueductos y desagües que arenas sopladas por los vientos e inscripciones ininteligibles mandadas a tallar por chamanes! Dejémosles los egipcios a expresidentes que quieran hacer cursitos de verano en Harvard.

En la misma línea, sin importar lo que quiera que pudo ocurrir con el cuerpo de Cristo a su muerte, no dejo de admirar la lucidez (a la vez mística y aterrizada) de aquellos primeros cristianos que, en vez de levantar una tumba monumental allí donde lo habían enterrado, emprendieron la propagación de una buena nueva de resurrección ecuménica entre los vivos, aunque no fueran circuncisos y comieran marrano.

A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.

Así, de las tres noticias que cubrieron los cielos de la Semana Santa, dos tienen un tufillo egipcio y la otra un airecillo de esperanza: ojalá en Venezuela comprendan que la cuenta de luz para mantener embalsamado a perpetuidad en una urna de cristal a Hugo Chávez puede salirles tan inútil como cara. Ojalá en La Habana las Farc comprendan que es la última oportunidad que les queda (por lo menos a sus cuadros) de no inmolarse como aquellos cerdos posesos que se arrojaron despavoridos a un acantilado sin fondo, y los colombianos, en general, que una guerra contra delincuentes dedicados a la extorsión, el secuestro, el abigeato, el narcotráfico, etc., es decir, a lo mismo, pero sin banderas, será a todas luces política, ética y emocionalmente más clara y barata.

En cuanto a Lorenzo, perdón, a Francisco, ¡qué vivan el español y el San Lorenzo de Almagro!

Juan Manuel Pombo

Profesor y traductor

 juamanpo@yahoo.com

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