Juan Manuel Pombo

Falacia patética

Juan Manuel Pombo
Opinión
POR:
Juan Manuel Pombo
marzo 27 de 2015
2015-03-27 03:07 a.m.
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La falacia patética es un recurso retórico (o plástico) mediante el cual se le atribuyen sentimientos humanos a la naturaleza y a toda suerte de objetos inanimados. Dicho recurso, bien usado, puede conmovernos hasta las lágrimas; mal usado, suele resultar ridículo. Ahora, cuando Ruskin acuñó el término, a mediados del siglo XIX, le imprimió una carga peyorativa en tanto que, para él, el arte debía ser una representación objetiva del mundo tal y como es, de manera que unas nubes negras teñidas por nuestra congoja podían tornarse más negras de lo que en realidad eran. Muy poco después, sin embargo, los románticos pusieron patas arriba el concepto y desde entonces los sauces del mundo lloran todo el tiempo y los cuervos, como en María, siempre son heraldos de la muerte.

En fin, cuando me crucé por primera vez con el término, lo interpreté con la literalidad que suele ir de la mano de la ignorancia y/o la inocencia: creí, durante mucho tiempo, que la ‘falacia patética’ era un lamentable equívoco, quizá sin darme cuenta de que un poeta triste no es lo mismo que un triste poeta. Así las cosas, entre las ‘falacias patéticas’ más lamentables que conocía se me antojaban un par de mentiras colectivas que en Colombia se asumían como verdades absolutas por parte de casi todos, a saber, ¡que contábamos con la mejor radio, prensa y televisión del mundo!

Quizás el funesto equívoco se debió a que los primeros pinitos de la radio colombiana (léase Radio Sutatenza y HJCK) realmente fueron admirables, pero la verdad es que en televisión y prensa escrita no hubo nunca nada que se les acercara, y si bien la prensa, antes del Bogotazo, y la televisión en su primera década tuvieron asomos de distinción, desde entonces y hasta el día de hoy la prensa apenas si ha mejorado y la televisión solo ha empeorado. ¿Alguien puede imaginar algo peor que los actuales noticieros de Caracol y RCN Televisión?

La falta de criterio para seleccionar los titulares; la musiquita apocalíptica de fondo, in crescendo, que se toma el primer plano para no abandonarlo sino hasta la bullaranga final que acompaña el jolgorio farandulero; la velocidad ininteligible con la que escupen información mal asimilada; el descuartizamiento de la hora en segmentos de supuesta responsabilidad social (sic) y en apartes de autopromoción y, por último, la increíble, la inefable desfachatez con la que insultan al televidente con media hora –de la hora noticiosa– dedicada a la repetición de comerciales, por lo demás de deplorable factura.

En este sentido, la única otra ‘falacia patética’ que se me ocurre, quizá más grave y más insidiosa, es aquella ahora en boga de que nuestras altas cortes fueron un dechado de virtudes hasta la retoma del Palacio de Justicia. Burundanga pura: la jurisprudencia en este país siempre ha sido un vergonzoso semillero de tinterillos que confunden la gravedad de la justicia con resonancia mediática, la inteligencia con astucia de leguleyo y la dignidad con irrisorios disfraces de petimetre.

Juan Manuel Pombo
Profesor y traductor
juamanpo@yahoo.com
 

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