Juan Manuel Pombo
columnista

Fecode, en mora...

Una buena educación debe ayudar a buscar información, acostumbrar a pensar en categorías procesales y contagiar entusiasmo por la materia en cuestión.

Juan Manuel Pombo
POR:
Juan Manuel Pombo
junio 29 de 2017
2017-06-29 08:57 p.m.
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Tres perogrulladas: la pedagogía es una ciencia menor; nada más difícil de superar que una mala primaria (o un bachillerato mediocre), y lo que natura no da, Salamanca no lo presta. Guía práctica: una buena educación debe ayudar a buscar información, acostumbrar a pensar en categorías procesales y contagiar entusiasmo por la materia en cuestión. Adenda: no hay Salamanca que valga.

1) Jeimy cursaba quinto grado cuando preguntó por las fechas de nacimiento y muerte de Cristóbal Colón. Le contesté que no tenía ni idea y la remití a un Pequeño Larousse que descansaba sobre la mesa. Lo abrió, buscó y se encontró con ‘una parte del intestino grueso’. Le señalé que la parte del intestino era el colon, sin tilde, y que el Larousse tenía una sección léxica y otra enciclopédica. Buscó Colón, donde correspondía, se encontró con el puerto de Panamá, las monedas de Costa Rica y Salvador, Cristóbal y algunos de sus hijos… pero Christophorus sin fecha de nacimiento.

Comenté que hasta hacía muy poco, 100, 150 años, a la mayoría de la gente rara vez se le registraba fecha de nacimiento o muerte, a menos de que fueran reyes, duques o artistas y filósofos importantes… cuestión de fortuna y cuna. Pocos días después, con cara de pocos amigos, me comentó que se había rajado, que según su profesora, Colón sí tenía fecha de nacimiento. Hoy, años después, mientras redacto esta columna, veo que Wikipedia señala dicha fecha como circa 1451; me pregunto qué documento informará el circa y, afortunadamente, sé, a ciencia cierta, que Jeimy nos superó a todos: primaria, bachillerato, profesora, Larousse y yo.

2) Cuando se piensa en categorías finales, la caída de Constantinopla se reduce a 1453; el descubrimiento de América, a 1492; la Revolución francesa, a 1789; la mexicana, a 1910, y la bolchevique a octubre de 1917. Pero, si pensamos en categorías procesales, entonces, en el caso de Constantinopla, además de Bizancio, surgen los cercos de 1391, 1396 y 1422; en el caso de América, la gran debacle de las cruzadas, el tapón otomano y la sed de especias de Oriente; en el caso de la Revolución Francesa, el medio siglo de ilustración y luego los veinte años de cuasi-desastre revolucionario, que por fin mete en cintura un chafarote con ínfulas de emperador llamado Napoleón; en el caso de la revolución mexicana, la decapitación de Maximiliano, el Habsburgo recomendado por Napoleón III, el ‘sobrino de su tío’, como lo llamaba Marx, y luego los cuarenta años de desarrollismo ‘científico’ del Porfiriato que conducen a Francisco Madero et alia, rancheras y corridos incluidos.

Para el caso bolchevique, baste el lúcido aserto que hace poco formulara en estas páginas Rodolfo Segovia, solo posible si se piensa en categorías procesales: “… en esto se equivocó Marx: la economía de mercado no es una sucesión de equilibrios, sino una secuencia de procesos creativos… (para lo estático, mejor Cuba)”.

3) Sistemáticamente, brilla por su ausencia en las gestas de Fecode el propósito entusiasta de un contenido.

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