Juan Manuel Pombo
columnista

Perros muertos

La violencia sigue siendo estando presente en los centros de formación del país. ¿Cómo detener este fenómeno?

Juan Manuel Pombo
Opinión
POR:
Juan Manuel Pombo
noviembre 24 de 2016
2016-11-24 10:41 p.m.
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Son tres los pilares de la conciencia contemporánea que sucesivamente han sido tratados como perros muertos, aunque todavía respiren con vigoroso aliento: Hegel, Marx y Freud. Nietzsche, la cuarta columna, no ha sido objeto de tal escarnio porque desde siempre lo desestimaron como perro rabioso.

Ahora, quienes desecharon la filosofía hegeliana por contemplativa y reaccionaria o asumieron la economía política de Marx como cartilla revolucionaria barata o calificaron el inconsciente freudiano de burundanga especulativa, no imaginan la gravedad de su miopía: señores, ‘¡los muertos que vos matáis, gozan de cabal salud!’.

Fue justamente Hegel quien advirtió sobre la imposibilidad de saltar sobre la propia sombra, la imposibilidad de contemplar el mundo sin los lentes que nuestro tiempo ofrece, es decir, sus convencionalismos, sus prejuicios, sus aciertos y aprensiones. Toda mirada del mundo es ideológica y la corrección política, sin duda, es el más obcecado escrúpulo de nuestros tiempos.

Hace poco, algunas universidades gringas prohibieron disfrazarse de vaquero o indio durante el Halloween para no ofender a las comunidades pertinentes. Ahora que los Cleveland Indians casi ganan la serie mundial de béisbol, debaten la idea de cambiarles el nombre. Así, pronto los Boston Celtics y los Chicago Pistons, que ahora juegan los playoffs del básquetbol gringo, tendrán que proceder igual para no ofender, por un lado, a vascos e irlandeses, y por el otro, a obreros automotrices. ¡Madre mía, solo faltaba Trump!

Hace tiempo, en una National Geographic, leí un artículo que preguntaba qué debía hacer un hombre contemporáneo de cruzarse en una llanura extensa con uno de nuestros antepasados de 40.000 o más años atrás. El autor recomendaba no mirarlo a los ojos (como recomiendan hacer con los Rottweiler), para minimizar la posibilidad de convertirnos en su presa.

El mismo artículo postulaba el engaño como una de las primeras manifestaciones de la inteligencia propiamente humana y aventuraba un ejemplo hipotético: hace 50.000 años, dos homínidos caminan en sentido contrario; no se conocen; uno se agacha y simula recoger una piedra; el otro, a su vez, hace lo mismo; piedra o no en cada mano, la suerte ya está echada.

Ahora, como todas y todos sabemos, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Que unos niños de 20 años, después de amedrentar cobardemente a una becaria del programa Ser Pilo Paga (la joven que pidió ayuda a la ministra Gina Parody), se armen de bates plásticos y pistolas de agua para amenazar ‘simbólicamente’ (un ‘chiste’) a Carolina Sanín, conocida autora y profesora de literatura en una de las ‘mejores’ universidades del país, francamente amerita preguntarse qué ocurre con la educación que allí imparten.

Si esos pelagatos no atisban las implicaciones de blandir al aire bates de plástico y la posibilidad de que, tras una noche de tragos, terminen usándolos de verdad en el Parque del Virrey de infausta memoria, urge que vean La naranja mecánica y las paredes de Altamira y Lascaux a falta de un cursito titulado ‘Civilización y Barbarie 101’ que empiece con La vorágine.

Juan Manuel Pombo
Profesor y traductor
juamanpo@yahoo.com

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