Juan Manuel Pombo

Tabogo – Medallo

Juan Manuel Pombo
Opinión
POR:
Juan Manuel Pombo
octubre 05 de 2012
2012-10-05 12:49 a.m.
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Por entonces trabajaba en una editorial importante del país, y se me antojó posible trabajar un año en alguna de las otras ciudades del territorio nacional.

La lista no era larga. Después de todo, no se trataba de alejarme del mundanal ruido, sino de oírlo desde otro lado con acento y temperatura promedios distintos, pero sin renunciar al anonimato que ofrecen las urbes con uno o dos millones de almas.

¿O será que 500.000 curiosos bastamos para no entrometernos en las cuitas del vecindario?

La lista, en orden alfabético, para no entrar en detalles demográficos más delicados, pudo ser la siguiente: Barranquilla, Bucaramanga, Cali, Cartagena, Ibagué, Manizales, Medellín, Pasto, Tunja y… ¡sí, malaya sería! Panamá, Ciudad de Panamá.

Tras algunos cálculos y habida cuenta de mis inclinaciones y disposición de carácter (odio el ruido y detesto bailar), la lista se redujo a su mínima expresión: Medellín.

Me explico: en lo que a Ibagué concierne, el asunto obedecía al encanto que siempre me generaron las instalaciones del Colegio San Simón, donde todavía imagino una Facultad de Historia Patria; respecto a Manizales, al clima y a que, además del Festival de Teatro, siempre que fui por lo menos dos mujeres me picaron el ojo; vis-à-vis Cartagena, pensé que tal vez la dejaba para cuando fuera joven y rico en una próxima reencarnación; Barranquilla, no veía muy bien qué iba a hacer en una ciudad igual de caótica a la Avenida Jiménez con Carrera Décima, pero a 30 húmedos grados centígrados todo el año; Pasto, muy lejos (aunque la verdad no sé muy bien de qué); y en cuanto a Bucaramanga o Tunja, creo que las dos hacen parte del corredor cundiboyacenese en el que fui criado, aunque las separe nuestro gran cañón: el del Chicamocha. Respecto a Panamá (sin duda la mejor opción: urbana, cosmopolita, secular, cálida…) ¡malaya sería, Caro Miguel!

En este punto debo una aclaración respecto al ruido y al baile para que no se me malentienda. Si de ruido se trata, no sé qué hago en Bogotá y, si de bailar se trata, pues no sé qué haría en Cali, y por extensión en el resto del país como no sea recitar los desolados versos de José Eusebio, padre de nuestro Caro Miguel:

“Lejos ay del sacro techo

Que mecer mi cuna vio,

Yo, infeliz proscrito, arrastro

Mi miseria y mi dolor.

Reclinado en la alta popa

Del bajel que huye veloz,

Nuestros montes irse miro

Alumbrados por el sol.

¡Adiós Patria, Patria mía,

Aún no puedo odiarte; adiós!”.

Quedaba, pues, Medellín.

Me acerqué a mi jefa y se lo solté a bocajarro: “oye, ¿qué posibilidades tengo de irme a trabajar un año en Medellín?”.

La mujer enarcó las cejas y tras breve silencio me advirtió: “pero Juan, Medellín está llena de paisas”.

En fin, Medellín no se dio. Ahora, lo curioso del asunto es que, cuando cuento la anécdota entre paisas, a riesgo propio, los susodichos replican siempre, sin inmutarse: “…hombe, en Bogotá hay más”.

Juan Manuel Pombo

Profesor

juamanpo@yahoo.com

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