Juan Manuel Ramirez M.

El fantasma
de Fujimori

Juan Manuel Ramirez M.
Opinión
POR:
Juan Manuel Ramirez M.
abril 12 de 2016
2016-04-12 09:59 p.m.
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El triunfo de Keiko Fujimori en Perú, en primera vuelta, significa mucho más que la posible llegada de un delfín al poder. Se trata de tres cosas: el regreso de la fuerza política del expresidente Alberto Fujimori –y tal vez su absolución–; el reclamo de los peruanos por unas propuestas asociadas al componente de seguridad, y, sobre todo, el rechazo a la izquierda latinoamericana (que por cierto, pareciera apagarse cada vez más en Latinoamérica).

En los comicios, la senadora Fujimori (partido Fuerza Popular) ganó con 39 por ciento, el exministro Pedro Pablo Kuczynski (de Peruanos Por el Kambio) alcanzó el 24 por ciento, y la líder de izquierda Verónika Mendoza llegó a la no despreciable suma de 17 por ciento. Perú, uno de los pocos países que elige dos vicepresidentes de la República, constituye uno de los ejemplos a seguir en materia de crecimiento económico, modernización del campo, convivencia entre minería legal y agricultura, diversificación de la balanza comercial e infraestructura de turismo, aprovechamiento de la salida al Pacífico y, por supuesto, cultura gastronómica.

Como se puede entender, muchos de estos logros se han dado gracias a la convivencia entre los sectores público y privado. Recordemos que cuando el presidente Ollanta Humala era apenas un candidato, su discurso y cercanía con el régimen venezolano empezó a constituir una amenaza electoral. Hábilmente modificó su discurso y triunfó en las elecciones. Hoy, el saliente presidente dista mucho de esas posiciones ortodoxas y ha logrado posicionar al país como un destino envidiable de inversión y turismo.

Por eso, cuando se analiza el panorama electoral del vecino, las fuerzas se miden entre dos candidatos que, de alguna manera, respetan ese espacio del sector privado, sin desconocer los desafíos sociales de un país que –como Colombia– aún no supera su brecha de desigualdad y pobreza, pero que se ha transformado para bien y camina en ese sentido con firmeza. Lejos quedan las propuestas de Mendoza sobre nacionalizar algunas compañías, asumir una parte del modelo venezolano y establecer políticas asistencialistas (diferente a construir un esquema sostenible que saque realmente a la gente de la pobreza).

Creo que la izquierda latinoamericana perdió su cuarto de hora y fracasó en la posibilidad de haberse convertido en una verdadera alternativa de poder. Sus líderes solo han sido candidatos, en algunos casos, ganadores, que nunca se prepararon para gobernar y que acudieron a medidas populistas para mantenerse en el poder. Desconocieron la importancia del crecimiento económico, de la generación de empleo desde el capital privado y de la perfecta armonía entre todos los sectores.

Los líderes de izquierda en Latinoamérica se inventaron una definición de socialismo que dista mucho del modelo nórdico, en el cual lo que existe es un Estado de bienestar que cobra impuestos a todos, sin privilegios, y que se traducen en infraestructura y oportunidades, y no en gobernantes que expulsan a los empresarios, persiguen a periodistas, nacionalizan empresas o se convierten en dictadores.

Eso explica por qué la izquierda se desdibuja en la región. Perdieron las elecciones en Argentina, ahora en Perú (en primera vuelta) y, parece, que no se mantendrán en Brasil. ¿Será que renuncia Nicolás Maduro en Venezuela? No me extrañaría.

Juan Manuel Ramírez Montero
Consultor
j@egonomista.com
@Juamon

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