Juan Manuel Ramirez M.
columnista

¿Un panorama incierto?

No pocos coinciden en que el primer semestre del año ha dejado de ser el periodo de la recuperación económica.

Juan Manuel Ramirez M.
Opinión
POR:
Juan Manuel Ramirez M.
junio 05 de 2017
2017-06-05 09:55 p.m.
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No pocos coinciden en que el primer semestre del año ha dejado de ser el periodo de la recuperación económica. Tras un 2016 en el que los resultados no fueron los mejores en términos de crecimiento, confianza del consumidor, disposición del gasto, balanza comercial, reducción en el precio del petróleo y empuje de sectores económicos claves, la expectativa entorno a que el año en curso sería la transición hacia el repunte, se ha ido desvaneciendo. El optimismo de los empresarios y las expectativas de los ciudadanos están en su peor punto, mientras el panorama no es claro, debido a las elecciones presidenciales que se avecinan y los escándalos de corrupción que desconciertan.

Hay que reconocer que el escenario internacional no es el mejor. De una parte, los repetidos intentos de los países de la Opep por influir en el precio del petróleo hacia el alza, no han dado frutos, mientras que la salud de economías como la de China y Estados Unidos parecieran mantenerse en reposo. Y ese factor ha golpeado no solo a Colombia.
De hecho, en la región las cosas no están en su mejor momento: en el primer trimestre, Brasil creció 1,1 por ciento (igual que Colombia) superando a Argentina, con 0,9 por ciento, y a Chile, con 0,6 por ciento; solo los superan Perú y México, que en los primeros tres meses del año avanzaron 2,08 y 2,8 por ciento, respectivamente.

Si bien Colombia no es la economía de menor crecimiento en la región, lo cierto es que tampoco hay motivos para quedarse de brazos cruzados. Los planes recientes de reactivación como el Pipe I y II y el Colombia Repunta, con el que se esperaba generar, entre otros, más de 850.000 empleos y una mayor dinámica, no han funcionado. La reforma tributaria, que fue una decisión sana para compensar el amplio déficit público, causado por el ‘bajonazo’ en el precio del petróleo, y los mayores compromisos por cuenta del proceso de paz con las Farc, se convirtió en el argumento de los empresarios para explicar los bajos resultados en sus negocios.

Por su parte, el Banco de la República ha jugado un papel clave en todo este dilema. Una vez la inflación comenzó a ascender, el Emisor reaccionó rápidamente a través de su política monetaria, llevando las tasas de interés hasta el 7 por ciento. Hoy, cuando el Índice de Precios al Consumidor pareciera estar controlado, los tipos van en 6,25 por ciento, con la expectativa de seguir disminuyendo, hasta afectar las tasas de interés de los bancos, que, según las quejas de muchos, se han demorado en aplicar el efecto. Los créditos, tanto de consumo como de vivienda, siguen siendo costosos, y la cartera vencida crece a ritmos históricos (20 por ciento aumentó en enero frente a igual mes del 2016).

Es indudable que se requiere un verdadero empuje de la actividad económica del país. Y eso pasa por la infraestructura a través de una política anticíclica que acelere, con mensaje de urgencia, los ritmos de contratación y ejecución de las obras públicas. No hay otro camino, en el corto plazo, para poner en verde el semáforo de la economía.

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