Juan Manuel Ramirez M.
columnista

No más polarización

No me cabe duda de que nuestro país será otro muy distinto cuando lo único que nos una no sea la Selección Colombia.

Juan Manuel Ramirez M.
POR:
Juan Manuel Ramirez M.
abril 03 de 2017
2017-04-03 09:31 p.m.
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Me dijo en una conversación –el fin de semana en Cartagena– el buen Juan Gossain, que si hay algo que le haga daño al país es la polarización. Tiene razón. Y la ‘fracasomanía’, agregamos algunos. Luego, coincidimos en que Colombia se enfrascó en limitar las conversaciones a ‘antiuribistas’ o ‘antisantistas’. Nada más cierto. Y el ejemplo más cercano se dio el sábado mismo de nuestra charla. De una parte, mientras millones nos entristecíamos frente a la magnitud de la tragedia en el Putumayo, varios miles salían a marchar en algunas ciudades en una manifestación denominada ‘contra la corrupción’ (por supuesto, con claros tintes políticos).

Ni la marcha fue masiva ni la tristeza por el Putumayo suficiente. En las redes sociales se crearon verdaderos campos de batalla contra quienes estaban en contra o a favor de alguno de los temas. Algunos reclamaban utilizar el dolor para favorecerse políticamente, y otros simplemente deploraban la indiferencia entre compatriotas. Como si no perteneciéramos al mismo territorio. Como si viviéramos en los tiempos del Frente Nacional. Todo un show para algunos de mis colegas de los medios y una oportunidad para que muchos sumen seguidores en las redes sociales.

A lo largo de nuestra historia republicana (de apenas 200 años), no ha habido un momento en el que esa capacidad de llevar a los extremos las pasiones políticas haya descansado. Y nos ha resultado costoso. Es el principio de todos los problemas. Así nació el conflicto, dejamos de percibir recursos para la educación, cedimos lugares por años, en todo, a nivel global (competitividad, transparencia, IDH, calidad de vida y crecimiento económico) y se crearon heridas profundas, a veces irreconciliables entre nuestros ciudadanos.

No me cabe duda de que nuestro país será otro muy distinto cuando lo único que nos una no sea la Selección Colombia, y cuando la indiferencia ceda por cuenta de los titulares en la prensa. Nuestra definición de Estado se debilita, mientras al Putumayo aún no les llegan las ayudas suficientes, en La Guajira continúan muriendo nuestros niños y en el Chocó la gente sigue sin oportunidades.

Y claro que se ha hecho mucho y los avances han sido enormes desde lo social. Aún no me juzguen. Por supuesto, que la firma de la paz nos invita a la reconciliación, y que los programas sociales han permitido sacar de la pobreza a 8 millones de colombianos en los últimos años.

Pero la polarización sigue ahí, latente. Y es un gran desafío. No podemos dejar en manos de los populistas, como viene sucediendo en Estados Unidos, Francia o el Reino Unido, el discurso de la unión y el trabajo unificado para sacar adelante un país. Desde el mismo sentir ciudadano, debe nacer esa iniciativa para reflexionar sobre la capacidad que tenemos de trabajar como un país hacia un propósito conjunto.

Abandonar esos odios profundos sin perder el sentido de la crítica puede contribuir, verdaderamente, a la reconciliación. Esa es la paz estructural que transformará a Colombia en un país que transite hacia el desarrollo sin más obstáculos.

Juan Manuel Ramírez Montero
CEO de Innobrand / j@egonomista.co

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