Juan Manuel Ramirez M.

Del crecimiento al desarrollo

Juan Manuel Ramirez M.
Opinión
POR:
Juan Manuel Ramirez M.
abril 16 de 2013
2013-04-16 04:30 a.m.
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Si una economía no salta del crecimiento al desarrollo, es imposible que cambie la realidad inmediata de sus ciudadanos.

Crecimiento y desarrollo no son lo mismo, repiten los profesores de primer semestre de Economía desde hace muchos años. Y no puede darse el segundo sin el primero –subrayan–. Tienen la razón, pero a medias, porque falta aclarar que algunos países apuestan por aplicar la fórmula al contrario y otros –la mayoría– se quedan simplemente en el crecimiento.

Los discursos económicos tradicionales suelen enmarcarse en variables como la inversión extranjera directa, las exportaciones, la revaluación del peso, los grados de inversión, la deuda externa y, por supuesto, el crecimiento económico. En general, toda la estructura productiva y financiera de un país, que es el engranaje del motor económico, pero que a su vez constituye apenas la mitad del panorama.

Por qué razón cuando la economía creció al 7 por ciento en Colombia, los niveles de pobreza no cedieron más allá del promedio anual tradicional y no se dio un incremento atípico en el poder adquisitivo de los ciudadanos. ¿Y por qué el aumento del salario mínimo no aumentó al ritmo de los costos financieros? La respuesta es sencilla: las variables macroeconómicas de las que depende cada indicador no están relacionadas con el crecimiento.

Hasta aquí es entendible, en buena parte, lo sucedido. Sin embargo, lo que resulta absurdo es que se siga creyendo que a una economía le va bien solo cuando registra niveles importantes de crecimiento sin ninguna expectativa de desarrollo. El ejemplo de los países de la región es claro a la hora de medir el desarrollo económico como un fin y no como un accidente.

El mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos es el que da el verdadero sentido al crecimiento económico y debe ser el siguiente paso de cada país que registre un avance en esta materia, así sea mínimo. De lo contrario, la pregunta seguirá siendo: de qué sirve crecer si seguimos en el mismo lugar.

No necesariamente los países que más crecen son los que han mejorado sus indicadores sociales, y pocos han comprendido que lograr efectos reales sobre los fenómenos de la desigualdad, la pobreza, el desempleo, la informalidad, la desnutrición, el analfabetismo y la corrupción garantizan una transformación positiva de mediano plazo. Esa ha sido la fórmula secreta de Brasil, Ecuador, Perú y Panamá.

Colombia marcha a buen ritmo, pero aún tiene grandes retos. Por el contrario, el caso de Venezuela es preocupante porque ha aplicado la regla al revés. Mediante el mayor gasto público busca afectar positivamente los indicadores sociales dejando a un lado el crecimiento económico y congelando la estructura productiva. En este escenario, no se termina logrando ni lo uno ni lo otro.

La tarea hasta ahora empieza, hemos logrado mantener niveles de crecimiento estables a nivel de la región y en medio de un escenario internacional complejo. Lo que sigue es transformar ese logro en verdaderos efectos positivos para el común de los ciudadanos. Hay que saltar de una vez por todas del crecimiento al desarrollo.

Juan Manuel  Ramírez Montero

Consultor privado

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