Juan Manuel Ramirez M.

La envidia de América Latina

Juan Manuel Ramirez M.
POR:
Juan Manuel Ramirez M.
febrero 12 de 2014
2014-02-12 01:02 a.m.
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Ecuador pasó de ser el país cuyos ciudadanos eran objeto de requisas permanentes en los aeropuertos, y al que considerábamos un patio trasero en el pasado, a convertirse en el punto de referencia para Colombia en muchos aspectos.

En competitividad, ese Ecuador ascendió más de 30 puestos a nivel mundial, y en infraestructura lleva invertidos más de 5.000 millones de dólares, que se ven reflejados en los cerca de 7.000 kilómetros de carreteras intervenidas, cientos de puentes, autopistas de hasta ocho carriles y una red de nuevos puertos con tecnología de punta. A lo anterior hay que adicionarle las ocho nuevas hidroeléctricas, los cuatro aeropuertos que se reconstruyeron y la no despreciable primera línea del metro de Quito, que transportará alrededor de 400.000 pasajeros al día.

Hay que reconocer que se invirtió la fórmula del sector minero-energético, en la que, de cada barril de petróleo que explotaba Ecuador, el 80 por ciento de las ganancias salía del país y solo el 20 se quedaba en casa. Esa concepción de empresa ha sido parte de la fórmula del éxito de un país que ahora recibe más de 4 millones de turistas al año y que, pese a la desafortunada regulación que ha establecido contra los medios de comunicación, ha logrado posicionarse como un lugar atractivo para inversionistas y viajeros.

¿El secreto? El presidente Rafael Correa lo llama “pragmatismo”. Dice el mandatario que, si bien es importante realizar algunas consultas estratégicas a las comunidades para la realización de obras, lo cierto es que el desarrollo económico no puede quedarse en eso solamente. De hecho, recuerda que el bien común es superior al particular. Lo anterior quiere decir que proyectos mineros, petroleros o de vivienda deben hacerse siempre y cuando haya garantías de buenas prácticas.

Colombia, por su parte, ha hecho la tarea en diversos aspectos que tienen que ver con la economía; las variables generales como inversión extranjera, balanza comercial, reservas internacionales, deuda externa, inflación, crecimiento económico, tasas de interés y hasta el desempleo puede decirse que están en niveles ejemplares. Sin embargo, para nadie es un secreto que en otros escenarios como el de la infraestructura –por no mencionar el panorama de la educación y la salud– los desafíos son enormes y los atrasos, históricos.

Mientras la inversión en infraestructura representa el 13 por ciento del PIB en Ecuador, en Colombia apenas asciende al 1 por ciento; una obra como la ampliación del puente de Rumichaca, en la frontera con el vecino país, puede tardar normalmente entre 2 y 5 años, mientras que allá no supera los seis meses. Este tipo de comparaciones se debe hacer para reflexionar sobre los ajustes que el Gobierno Nacional necesita en la implementación de sus acciones de política pública. Los procesos de contratación deben demorar menos tiempo, las consultas previas se han convertido en un obstáculo para los megaproyectos y la centralización de los recursos ralentiza la inversión en las regiones. Estos aspectos requieren soluciones puntuales de corto plazo, si en realidad Colombia quiere aprovechar el buen momento por el que atraviesa América Latina.

Juan Manuel Ramírez Montero

Consultor privado

@Juamon

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