Juan Manuel Ramirez M.

Grandeza

Juan Manuel Ramirez M.
Opinión
POR:
Juan Manuel Ramirez M.
abril 21 de 2015
2015-04-21 04:05 a.m.
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Esta semana llegó al país una misión empresarial conformada por un nutrido grupo de empresarios italianos, liderada por su viceministro de Comercio, Carlo Calenda. Al conversar con el funcionario me encontré con una imagen cambiada de Colombia: “Es un país renovado, optimista, seguro, visionario y con amplias expectativas”, me dijo con emoción. Y claramente, su afirmación coincide con la generosa participación colombiana en Expo Milán 2015 –una de las vitrinas comerciales más grandes del mundo–, en la cual el Gobierno invertirá más de 10 millones de euros para construir el pabellón más importante de toda la feria.

Tal vez se ha prestado menos atención de la que se merece, al hecho de que vivamos en un país en el cual cada vez se exigen menos visas (se eliminó la mexicana, dominicana y este año la europea), las ciudades se posicionan en varios ranking, que invitan a hacer turismo colombiano (el más reciente fue Medellín, entre los 100 destinos mundiales recomendados) y la economía –aunque no pasa por su mejor momento– sigue siendo el soporte de un mercado estable. Es como si el país de hace 15 años fuera uno muy distinto al de ahora.

Es cierto que hoy la economía colombiana apenas supera el 3 por ciento en las expectativas de crecimiento del 2015 y que en la producción industrial se registran sectores que han cedido hasta 7 por ciento. También es preocupante que el precio del petróleo no pase de los 60 dólares, lo que a su vez tiene fuertemente golpeadas las cuentas de la Nación. En el más reciente informe, la inversión extranjera cayó 25 por ciento y las exportaciones siguen en la misma dirección. Sin embargo, aunque el panorama actual es desafiante, hay que reconocer que el país ha dado unos pasos históricos hacia el progreso (y debe corregir errores para no perder el rumbo).

Los retos en materia de infraestructura son enormes y la protección (en el buen sentido) de la industria nacional debe estar en esos propósitos. Ese equilibrio entre la inversión extranjera, los acuerdos comerciales internacionales y el fomento al emprendimiento local resulta la perfecta fórmula para saltar del crecimiento al desarrollo. El mero afán de firmar tratados no puede terminar en la equivocación de acabar con las empresas colombianas, sino en la oportunidad para promover las alianzas estratégicas. Y en eso, Italia es un ejemplo, particularmente en sectores como la infraestructura.

Y no se puede hablar de progreso sin mencionar el proceso de paz, que a todo el país tiene en expectativa. El acto terrorista de los últimos días en el Cauca es absolutamente reprochable y deja un manto de duda en el verdadero control que desde La Habana tienen los señores de las Farc sobre los grupos que incursionan en el territorio nacional. Si bien desmotiva a la ciudadanía y, por supuesto, al Gobierno a continuar con el camino del diálogo, hay que decir que se debe persistir en la búsqueda de un acuerdo que no traiga consigo más víctimas. Trazar una fecha próxima para proceder a la firma es el mejor acto de responsabilidad por parte de los integrantes de la mesa. Colombia vive un momento de grandeza, y coyunturas como la paz hacen parte del mismo adjetivo.

Juan Manuel Ramírez Montero

Consultor

j@egonomista.com

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