Juan Manuel Ramirez M.

Nuevo mundo

Juan Manuel Ramirez M.
Opinión
POR:
Juan Manuel Ramirez M.
mayo 12 de 2015
2015-05-12 04:29 a.m.
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Un amigo me pidió que le enseñara a evitar que sus contactos se dieran cuenta de si él leyó los mensajes que le envían a diario.

Una especie de invisibilidad que comienza a ser útil en un mundo colmado de tecnología, que nos vuelve cada vez más públicos. “No quiero que mi jefe sepa si leí sus mensajes o que mi esposa se entere si mi última hora de conexión, cuando viajo, es a las 3 de la mañana”, me dijo con preocupación. Y es que pedir un taxi desde cualquier sitio y con diferentes alternativas, tomar fotos para que eso se transforme en texto (lo mismo sucede con las tarjetas de presentación), saber qué está sucediendo o quién está cerca de la ubicación de mi teléfono (gracias al GPS) y crear conciencia colectiva a través de la interacción con los usuarios hacen parte del nuevo paisaje que apreciamos cada día.

El mundo ha cambiado profundamente desde que el sufrido Alan Turing comenzó, hacia el año de 1943, a producir la primera versión de una computadora. La legislación colombiana, por ejemplo, se quedó décadas atrás en lo relacionado con la regulación de quienes amenazan a través de las redes sociales, y ni qué decir del obstáculo al funcionamiento de aplicaciones como Uber (cuando estamos promoviendo el desarrollo de nuevas ideas de emprendimiento en Colombia).

Hoy, ya no preguntan por la cédula, sino por el Facebook o el Twitter, y los fondos de inversión privada (denominados, en algunos casos, capitales ángeles) tienen crecientes intereses en los proyectos de emprendimiento, start up, con un fuerte componente tecnológico. ¿Ya vieron los nuevos juguetes de los niños? Un teléfono inteligente o una tableta.

El ritmo de las empresas privadas es muy distinto al de antes. La tradición dice que las compañías y grandes fortunas se construían a través del paso de las generaciones. Ahora, hay emprendedores que se hacen millonarios en dos años sin salir de su casa. Ejemplos por todos conocidos, los de Mark Zuckerberg, con Facebook, Larry Page y Sergie Brin, con Google, Jack Ma, con Ali Baba, Jan Koum, con Whatsapp (antes de venderla) e incluso en Colombia, Andrés Barreto, con el recientemente desaparecido Grooveshark. La línea transversal a todo este ambicioso panorama se llama innovación, para lo cual la inversión del Estado y la empresa privada en Colombia aún no tiene espacio en la agenda de prioridades (hay que reconocer los altos de hacer negocios en el país).

En la era en la cual uno conversa por Whatsapp, habla por Skype, entrevista por Hangout, hace reclamos por Twitter, evade la congestión bogotana por Waze, compra libros por Play o App Store, se toma fotos para Instagram, graba videos de los “usted no sabe quién soy yo” y los sube a YouTube, revisa medios desde Facebook y escribe desde cualquier lugar con Drive o Docs, queda cada vez menos tiempo para disfrutar de una cena, atender a la familia o charlar con amigos.

Por eso, mejor no le enseñé a mi amigo a volver invisible el Whatsapp. Que le saque tiempo a la esposa, ojalá personalmente. Ya tenemos suficiente de este mundo.

Juan Manuel Ramírez Montero

Consultor privado

j@egonomista.com

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