Juan Manuel Ramirez M.

La ‘palanca’

Juan Manuel Ramirez M.
Opinión
POR:
Juan Manuel Ramirez M.
noviembre 10 de 2014
2014-11-10 12:04 p.m.
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Usted no sabe quién soy yo, repetían varios colegas periodistas de diferentes países de América Latina, desde nuestra cumbre en India, entre sorpresas y risas, mientras les explicaba que este se convirtió en un argumento típico de algunos ‘arribistas’ en Colombia. La razón: romper las reglas, entrar a un sitio sin permiso o quejarse con mayores argumentos. Una verdadera oda a aquello que muchos ciudadanos queremos cambiar en nuestra sociedad, permeada por la imposición de lo particular sobre lo colectivo.

Recordé, además, aquello que nosotros llamamos ‘la palanca’, y que en los altos círculos, denominan ‘tener contactos’. El amigo en la compañía de teléfonos para que le instalen el servicio en tres y no en 20 días. El aliado en la clínica para que atiendan a mi familiar como se debe y no como quieren. El enlace en el acueducto o en Catastro para que mi reclamo por cobro errado sea atendido en el tiempo justo. El facilitador del banco que me ayuda con un trato preferencial. Tantos ejemplos

Y ni qué decir de los empleos. Cientos de convocatorias del sector público y privado que se quedan entre amigos. Basta una llamada o una anotación en la parte superior de la hoja de vida. Pero eso es tema de otra columna. Hay que decir que todas estas acciones se generan porque el sistema no funciona. En algunas empresas de servicios públicos no hay quien defienda al ciudadano, y en el sector salud –para mencionar algún ejemplo crítico– ni con ‘palanca’. Las líneas de atención al cliente de las empresas de telefonía móvil o televisión son eternos laberintos sin salida. De esa forma, los contactos resultan una oportunidad en medio de los problemas. Una lástima.

Al país este tipo de atrasos le representa costos profundos. Por ejemplo, la corrupción le cuesta a Colombia el 1,6 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), lo que significan unos 15 billones de pesos. Otras cifras más oficiales señalan que incluso la cifra podría ascender a los 4 billones de pesos al año. En todo caso, ese dato nos ubica en el puesto 80 de corrupción entre 183 países en los ranking internacionales, con una percepción negativa del 81 por ciento. Tanto preocupa el tema a los ciudadanos que en una encuesta reciente, al 51 por ciento le parece que ese es el principio de todos los problemas.

Si vamos a empezar a hablar de posconflicto, ya es hora de que el país empiece a funcionar sin ‘palancas’ ni amigos. O por lo menos no solo actuar de esa forma. También hay que generar espacios para los justos, los buenos, los que merecen ocupar posiciones importantes y los que no persiguen algún negocio. Por qué no, para los arrepentidos o los reinsertados, eso es un país para todos. Se requiere esa ética necesaria en los médicos, que permitan el trato a pacientes y no a clientes, o leyes en el Congreso que busquen menos puestos y más progreso.

Para los curiosos de esta historia. A mis amigos periodistas les expliqué que, en todo caso, somos más los colombianos que pensamos en usted (o sea en el otro) antes de preguntar, sino “sabe quién soy yo”. O los que valoramos el trabajo de la gente para promoverlos de sus posiciones, e incluso los que respetamos la fila. Y también les expliqué a mis colegas que como país, hemos cambiado para bien. Si no me cree, ¿dígame con quién hay que hablar?

Juan Manuel Ramírez Montero
Gerente de Marcas y Medios
@Juamon
 

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