Juan Pablo Córdoba
análisis

El ‘nunca se puede’ colombiano

Colombia ha hecho las cosas bien en manejo macroeconómico. Pero seguimos siendo un país de ingresos medios, con altos niveles de pobreza y desigualdad, con muy pocos resultados en la calidad de la educación y, por ende, con bajísima movilidad social.

Juan Pablo Córdoba
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Juan Pablo Córdoba
abril 04 de 2018
2018-04-04 08:47 p.m.
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A medida que se despeja el camino para la contienda presidencial, salen analistas a dar sus opiniones sobre todo lo que no se puede o debe hacer, para restar credibilidad y fuerza a propuestas serias de algunos candidatos. Eso sí, ninguno de ellos dice que si seguimos como vamos, no llegaremos a ninguna parte.

Somos la economía número 28 por población en el mundo, pero en casi todos los indicadores del Foro Económico Mundial (FEM) estamos por debajo del puesto 60 y de 100 en indicadores como calidad de la infraestructura, educación, comercio exterior y niveles de tributación, aspectos clave para ser una economía moderna y competitiva.

Colombia ha hecho las cosas bien en manejo macroeconómico, lo que ha brindado estabilidad y permitido cierto nivel de progreso para su población. Sin embargo, claramente no hemos hecho las cosas lo suficientemente bien. Seguimos siendo un país de ingresos medios, con altos niveles de pobreza y desigualdad, con bajísimos resultados en la calidad de la educación y como consecuencia de ello, con bajísima movilidad social. Tenemos instituciones anacrónicas en materia laboral para proteger a unos pocos, pero perpetuando el alto desempleo, la informalidad, y bajísimos niveles de productividad y sofisticación en la economía. Colombia no resalta como líder mundial ni en producción ni en exportación de ningún producto manufacturado, indispensable en las cadenas productivas globales.

Algunas políticas públicas parecen muy loables, pero en la realidad condenan a una gran parte de la población a la pobreza: el sistema pensional público, que está a punto de quebrar al fisco, promete pensiones impagables a unos pocos afortunados que logran cumplir con los requisitos, pero deja a más del 80 por ciento de la población por fuera del sistema. Esta es la política pública más regresiva que tenemos y que debe reformarse cuanto antes. Sorprendentemente, aparecen muchos a defender lo indefendible con el pretexto de proteger el derecho a la pensión y a la vejez digna, a sabiendas de que perpetuando el sistema no se está garantizando ni lo uno ni lo otro.

Eso mismo nos pasa con el tema tributario. Nuestra tributación a las empresas nos pone en el deshonroso lugar 135 en el mundo, según el FEM, y en el 131 en los efectos de la tributación para el ambiente de negocios. Sin una tributación razonable que permita asumir riesgos y hacer empresa, que promueva la inversión en nuevos sectores y permita la renovación del aparato productivo, no vamos a mejorar el funcionamiento de la economía, que es la única manera de generar bienestar para los colombianos, a través del emprendimiento y la creación de empleo formal y de calidad.

El crecimiento económico y el ambiente para los negocios en el país se han deteriorado y debemos tomar medidas para recuperar nuestra competitividad. Si bien el sistema tributario no es el único elemento, sí es de los principales. Debemos entender que las compañías y el capital encuentran muchos lugares atractivos en el mundo para establecerse y generar allí empleo y comunidad.

No obstante, los ‘expertos’ han salido a decir que por la ‘delicada’ situación fiscal no se puede hablar de rebajas en impuestos a las empresas porque eso sería irresponsable. Irresponsable sería no hacer nada para retomar la senda de crecimiento de nuestra economía ante la contundencia de los hechos.

En los últimos dos años, la economía ha crecido a tasas inferiores al 2 por ciento anual, y lo que es peor, la tasa de crecimiento del PIB potencial se redujo de 4,5 en el 2012 a entre 2,8 y 3,3 por ciento en el 2017. Este descenso en el potencial de nuestra economía es dramático y amerita medidas urgentes. Para ilustrar el efecto de esta disminución, creciendo al 4,5 por ciento anual, el país lograría duplicar el ingreso por habitante en 20 años, mientras que al 2,8 por ciento tardaría 40.

Hay muchas cosas que se pueden y se deben hacer para corregir el rumbo. Solo en el frente fiscal una reforma pensional que elimine los subsidios a las pensiones altas y una reforma tributaria que devuelva la racionalidad a la tributación a las compañías para que estas inviertan, mejoren su productividad y generen empleos formales pero, que a su vez, aumente el recaudo y que dote de dientes a la Dian para combatir la evasión, son urgentes. Recaudar dos puntos del PIB adicionales y, al tiempo, frenar el crecimiento de la deuda y retornar a una senda sostenible en las finanzas públicas es posible, lo que se necesita es contundencia y decisión.

Preservar la estabilidad macroeconómica y asegurar la sostenibilidad de las finanzas públicas son objetivos a conservar, y no podemos perder la credibilidad en el manejo económico. Sin embargo, esto no se puede traducir exclusivamente en el cumplimiento a rajatabla de la actual regla fiscal, ni poner su cumplimiento por encima de las medidas de política pública que necesita el país. Las acciones deben encaminarse a poner la economía a crecer para poder cumplir las metas fiscales y no forzar el cumplimiento de las metas fiscales sacrificando el crecimiento y comprometiendo el bienestar de millones de colombianos.

Que no nos pase una vez más que ‘no se pudo’.

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