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Jugando con candela
Mayo 21 de 2012 - 11:12 pm
La confrontación entre el uribismo y el santismo puede acabar pasándole cuenta de cobro a la economía.
Podría tratarse de dos países diferentes, pero no es así. De un lado, hay quienes ven a Colombia como la tierra de las oportunidades que empieza a dejar atrás algunos de sus desafíos históricos. Bajo ese punto de vista, la economía crece, la inversión aumenta y la pobreza disminuye, con lo cual existe la posibilidad de construir una sociedad más pacífica e igualitaria. Las cifras que confirman lo mucho que se ha avanzado están a la vista, junto con los pronósticos más entusiastas sobre lo que viene en el futuro.
En el otro extremo, en cambio, se encuentran quienes piensan que se está dando marcha atrás. Episodios como el atentado contra el exministro Fernando Londoño, que dejó un saldo de dos víctimas fatales y decenas de heridos, o la muerte de una docena de militares ayer en La Guajira, confirmarían la impresión de que los logros en materia de seguridad son asunto del pasado. Ante estos hechos, suben de tono las críticas al Gobierno y no falta quien reclama un cambio de régimen, olvidando la propia tradición democrática colombiana.
Aunque cada quien es libre de juzgar las cosas a su antojo, es indudable que los choques entre una y otra postura empiezan a generar inquietud entre los observadores. La razón es que el término “riesgo político” ha vuelto a ser usado por más de un analista que registra el aumento en la temperatura del debate interno y pone en duda la solidez institucional del país. Es bien diferente que una sociedad tenga que combatir enemigos como el terrorismo o el narcotráfico y otra que aparezcan divisiones profundas que puedan socavar cimientos que no deberían formar parte del juego político.
La causa, como es conocida, es la confrontación entre el uribismo y el santismo. Por cuenta de la creciente distancia entre el actual Presidente y su predecesor, los ataques verbales no se han hecho esperar entre quienes respaldan a uno y otro, mientras las teorías de la conspiración parecen estar a la orden del día.
Semejante realidad no deja de sorprender a aquellos que siguen la marcha de los asuntos de Colombia desde afuera. Para comenzar, es absurdo que Juan Manuel Santos encuentre en Álvaro Uribe al jefe de la oposición, pues ambos pertenecen al mismo partido y representan una línea de continuidad en las políticas adoptadas desde comienzos del siglo. Más allá de las obvias diferencias en estilo o los ajustes en una u otra estrategia gubernamental, difícilmente se podría hablar de un cambio abrupto.
Pero es evidente que al expresidente Uribe le ha sentado muy mal la orfandad del poder, con lo cual ha perdido objetividad frente a la realidad nacional. Lejos de comportarse discretamente, como lo han hecho muchos de sus antecesores, ha tenido una locuacidad sin precedentes, gracias al uso de las redes sociales. Convencido, como lo está, de que está siendo perseguido, se pronuncia sin tener en cuenta el efecto destructor de sus palabras. Sus trinos representan, hoy por hoy, los dardos más agudos que recibe la Casa de Nariño.
En respuesta, el presidente Santos ha caído en la provocación. Atrás quedó el mantra que anunció hace unos meses de “no pelear con Uribe” y empieza a ser evidente que sus acciones están siendo condicionadas por lo que diga o haga quien fuera su mentor. Debido a ello, empieza a cometer errores, al olvidarse de que tiene que dirigirse a una audiencia general y no responderle a un solo interlocutor.
Semejante evolución de los acontecimientos es lamentable. En circunstancias como estas, cuando los violentos buscan desestabilizar al Estado y existen tantos temas en la lista de pendientes, las rencillas personales no deben acaparar la agenda de los dirigentes. Un atentado no debe ser usado como arma política ni como un as bajo la manga. Debe, por el contrario, invitar a la unidad nacional, un término que a estas alturas parece ser un eslogan cada vez más vacío. Pero olvidar ese objetivo puede tener consecuencias nefastas que no solo se reflejen en la política, sino también en la economía del país.
RICARDO ÁVILA PINTO
DIRECTOR DE PORTAFOLIO
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1 comentarios
MUY CIERTO DON RICARDO, PERO SE PREGUNTA UNO, ES QUE EXISTE ALGUIEN ENCARGADO DE GENERAR ESTA DISCORDIA ? EMPRESARIOS, POLITICOS, MILITARES, COMERCIANTES, IMPORTADORES O A LOS LE QUE LES GUSTA LA GUERRA PORQUE EXPRESAN QUE ES UN BUEN GENERADOR DE TRABAJO ?