Julián Domínguez Rivera

Calidad para perdurar

Julián Domínguez Rivera
Opinión
POR:
Julián Domínguez Rivera
agosto 14 de 2014
2014-08-14 03:38 a.m.
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En Colombia, una empresa existe en promedio 12,5 años. Manuelita, bello nombre con el que se bautizó la hacienda homónima donde nació el grupo empresarial, cumplió 150 años. ¿Qué hace que una compañía perdure y sobreviva a las turbulencias propias de la actividad productiva?

Sin duda, imprimir la excelencia en su ADN empresarial y hacerlo desde el principio. No nació como la empresa grande que es hoy, fue un empeño pequeño, vinculado a la actividad agrícola para convertirse desde el primer momento en transformadora de valor. Pocas firmas en nuestro país pueden contar una historia de grandeza y excelente administración como Manuelita. Desde el empeño de su fundador, don Santiago Eder, en remontar la cordillera para traer desde Buenaventura, en carros jalados por bueyes, la mejor fábrica de la época, esta compañía vallecaucana, con presencia en varios países del continente, ha demostrado a lo largo de las décadas su capacidad de crecimiento y consolidación.

Los factores que Manuelita ha conjugado para su éxito no son exóticos ni producto de las eventualidades. Han sido concebidos a partir del convencimiento de que ‘hacer bien la tarea’ es fundamental: buen gobierno corporativo, la ética empresarial que trasciende al mero acatamiento de las normas, la innovación permanente, el desarrollo de proveedores, la responsabilidad social y el manejo sostenible de los recursos naturales.

Fortalezas congruentes con la sensibilidad de la familia Eder con su entorno y el país, que los ha llevado en importantes etapas de su vida al servicio público con el fin de ayudar a construir las soluciones que se requieren para el bienestar colectivo: Doris, gobernadora del Valle y ministra de Educación; Henry, alcalde de Cali y director de la CVC; Alejandro, director de la Agencia para la Reintegración, y Harold, actual presidente del Grupo, líder gremial, presidió las juntas directivas de la Andi y Asocaña, entre otros. Una característica admirable que, sin duda, ha contribuido a su longevidad es la sinceridad y franqueza como los socios y directivos de la compañía confrontan los problemas, buscando siempre llegar al fondo, debatirlos abiertamente y resolverlos, considerando siempre la mejor información y conocimiento disponibles.

Por otro lado, basados en una moderna visión de los negocios, han aplicado el adagio popular de ‘no poner todos los huevos en la misma canasta’, emprendiendo una diversificación que los ha llevado a combinar la producción de azúcar y biodiésel en nuestro país con cultivos de palma de aceite y camarón, un ingenio y producción de uva de mesa y espárragos en Perú, alcohol y azúcar en Brasil y mejillones en Chile.

Una compañía pujante que se adelanta a los tiempos, impulsada por un tránsito reposado de generación en generación gracias a la adopción de protocolos de supervivencia. Bien lo decía su presidente al evocar a uno de los accionistas, que el patrimonio de la empresa es prestado y sus líderes están administrando un legado que transmitirán a sus sucesores y a la sociedad colombiana.

Uno de los principales problemas del emprendimiento en Colombia radica en que no existe una cultura de admiración por el sector productivo. No obstante, que de este se deriva el bienestar colectivo por la vía del empleo, el pago de impuestos y la responsabilidad social. Manuelita es un ícono empresarial cuyas enseñanzas son orgullo para nuestra sociedad. Por eso, hay que celebrar que llegue a los 150 años de vida, convertida en la que más ha perdurado de las compañías colombianas.

Julián Domínguez

Presidente de Confecámaras


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