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Martes 21 de Mayo 2013

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La hora de la verdad

Marzo 6 de 2012 - 9:36 pm



Es indudable que en diferentes puntos de la geografía global hay países que han acusado una importante desaceleración a lo largo de los meses pasados.

El de ayer no fue un buen día para la mayoría de las bolsas de valores del planeta. En prácticamente todas las latitudes la constante fue de cotizaciones a la baja y saldos en rojo, que responden a una nueva oleada de nerviosismo en torno a la marcha de la economía mundial. De la mano de la incertidumbre, han retornado los pesimistas, cuyas voces llevaban varias semanas de silencio.
En esta oportunidad, el detonador más inmediato fue la situación de Grecia. Y es que faltan apenas dos días para que Atenas concluya un esquema de intercambio ‘voluntario’ con los inversionistas privados que han adquirido los bonos emitidos por la nación helénica. Bajo los términos del acuerdo al que se llegó hace unos días con la Unión Europea, estos tenedores deben aceptar el descuento del 53,5 por ciento en el monto de sus acreencias.

Cuando se tiene en cuenta que el total de lo que está en poder de las entidades privadas asciende a 206.000 millones de euros, es evidente lo que se encuentra en juego. En caso de que los griegos no consigan la participación de las entidades que son dueñas de al menos el 75 por ciento de ese monto –con lo cual tendrían la facultad para obligar a los que no dieron su brazo a torcer al mismo recorte– el esquema que fue diseñado perdería validez.

Dicho escenario sería catastrófico, pues en lugar de conseguir los 130.000 millones de euros que fueron prometidos por los europeos y el Fondo Monetario Internacional con el fin de mantenerse a flote, Grecia tendría que abstenerse de honrar sus compromisos. Ese terremoto tendría réplicas en otras capitales del Viejo Continente, con lo cual lo que ya es un problema de marca mayor, podría volverse muy difícil de manejar, ya que existe el riesgo de que otras economías de la zona como las de España o Italia, resulten contagiadas.

Para acabar de completar el oscuro panorama, ayer se confirmó que los europeos se encuentran en recesión, puesto que su Producto Interno Bruto tuvo una contracción del 0,3 por ciento en el último trimestre del 2011. A la luz de ese pobre resultado un descalabro financiero actuaría como un golpe de gracia para buena parte del bloque comunitario.

Semejante eventualidad se sentiría en todas partes. De hecho, es indudable que en diferentes puntos de la geografía global hay países que han acusado una importante desaceleración a lo largo de los meses pasados. Ese es el caso de Brasil, cuyo desempeño en el año que acaba de terminar no fue precisamente estelar, pues su tasa de crecimiento apenas llegó al 2,7 por ciento, una cifra muy inferior a la que esperaban los analistas.

Sin embargo, el caso más inquietante es el de China, que ha sido una importante locomotora durante cerca de tres décadas y cuyos dirigentes rebajaron el lunes la meta de crecimiento al 7,5 por ciento en el 2012. Dicho guarismo es motivo de envidia en cualquier parte, pero la nación oriental representa un caso particular, ya que su dinámica promedio ha sido cercana al 10 por ciento. Por tal razón, una reducción en la velocidad prevista en la que ya es la segunda economía más grande del mundo es causa de preocupación.

Aunque a primera vista no tiene nada de malo que los chinos encuentren una velocidad de crucero menor, basada cada vez menos en su sector exportador y más en su consumo interno, el mensaje en el corto plazo es claro: si hay problemas serios al otro lado del Atlántico, el rescate no necesariamente llegaría del otro lado del Pacífico.

Que eso ocurra es todavía una posibilidad. Todo depende, por supuesto, de que quienes tengan parte de su dinero en bonos griegos entiendan que, como diría Francisco Maturana, perder es ganar un poco.

Si la lógica se impone, el jueves habría un parte positivo y la calma retornaría a los mercados. La inquietud es que la sensatez ha brillado por su ausencia en el pasado reciente. Y que ahora que se aproxima el momento de la verdad puede darse el caso de que unos pocos tomen una decisión que afectaría a todos.

RÍCARDO ÁVILA PINTO
ricavi@portafolio.co

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