León Teicher
columnista

La corrupción, el elefante
en la habitación

León Teicher
Opinión
POR:
León Teicher
marzo 01 de 2016
2016-03-01 11:58 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/24/56cdc243c64c9.png

A pesar de que cada vez se escuchan más voces en Colombia protestando contra lo que se percibe como creciente y desenfrenada CORRUPCIÓN, ese tema es el elefante en la habitación de las conversaciones sobre la ‘paz’ y el ‘posconflicto’.

Pareciera que una mayoría de colombianos estamos convencidos de que lograr que una guerrilla terrorista abandone la lucha armada y la utilización de todas las formas del crimen y, en su lugar, busque que sus ideas sean aceptadas por el pueblo a través de mecanismos democráticos, fuera una magnífica noticia para la nación. Se debate intensamente el ‘cómo’, pero no tanto el ‘qué’.

Lo que muchos no creemos es que de ello surja ‘el fin del conflicto’. El conflicto social colombiano –no por soterrado está menos presente, es fundamentalmente resultado de la inequidad: desigualdad en acceso a la educación, a la salud, a los servicios públicos, a las oportunidades económicas. ¿Dónde se origina la inequidad? Se pueden adoptar las teorías mamertas, bellamente poéticas, de la avaricia de los ricos frente a la debilidad de los pobres. El resultado de ese diagnóstico, típicamente, lleva a soluciones estilo Robin Hood, como las de Venezuela, Argentina y otros conocidos desastres. Pero, es evidente que el sistema está corrompido y que unos pocos se benefician indebidamente de él.

Los mejores programas de gobierno fracasan cuando llegan al punto de ejecución, pues la corrupción los distorsiona y descarrila. Los mejores presupuestos se dilapidan cuando llegan a su destino burocrático, ya que la corrupción los desvía y mal utiliza. Las políticas de Estado más juiciosas y bien estudiadas se estrellan contra la distorsionada realidad de la corrupción. ¿De qué sirve tener buenas políticas, buenos programas, generosos presupuestos, si no curamos el cáncer de la corrupción? ¿De qué sirven los centros de excelencia en el Gobierno Central cuando las cortes, animadas de buenas intenciones federalistas, empujan las decisiones y presupuestos a regiones y municipios, si es allí donde las instituciones son débiles, el Estado ausente, la corrupción más presente? Y, ¿cómo atrapar a los corruptos cuando resuenan indicios de corrupción hasta en la Policía?

Sabemos que los sistemas no se reforman a sí mismos. ¿Cómo, entonces, eliminar la corrupción, en el nuestro? Para empezar, hay que poner el tema en el centro de la atención de la gente, en el foco de la conversación general. Si el Gobierno, me refiero al Ejecutivo y no a un gobierno en particular, dedicara al tema de la corrupción la misma energía, foco, recursos, perseverancia y empeño que la administración actual le ha puesto a la negociación con la guerrilla, los resultados serían tan notables, impactantes y transformacionales de la siquis nacional, como los que ha generado el proceso de paz en los últimos cuatro años.

El tema es grueso y difícil. Hablemos sobre el elefante en la habitación. Discutamos sobre la CORRUPCIÓN. Cuando ese sea el asunto central de conversación, crearemos el verdadero posconflicto.

León Teicher
Empresario

Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado