León Teicher

Un cuarto de hora

Una bonita expresión en el lenguaje español es ‘tener un cuarto de hora’.

León Teicher
POR:
León Teicher
febrero 13 de 2013
2013-02-13 01:15 a.m.
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Una bonita expresión en el lenguaje español es ‘tener un cuarto de hora’. Se tiene un cuarto de hora cuando hay una oportunidad positiva que no dura mucho y que, de no ser aprovechada, se pierde para siempre. Como en ‘ya pasó su cuarto de hora’.

Pues bien, el sector mineroenergético en Colombia tiene un cuarto de hora, que podría estar pasando y ser desaprovechado, o que podría profundizarse, ampliarse y, como en aquel hermoso bolero, hacer que el reloj no marque las horas.

Hace pocos años, los precios de minerales y petróleo estaban por las nubes. Hoy no. Se hablaba de bonanza. Hoy no. Las empresas que buscaban financiación en los mercados la conseguían con rapidez. Hoy no. ¿Será que ‘pasó nuestro cuarto de hora’? No lo creo. Pero tal vez pasaron ya unos diez minutos de esos quince y aún estemos a tiempo de aprovechar la coyuntura. O de perderla irremediablemente.

¿Qué pasó? Mientras se fortalecía, lentamente (frente al cuarto de hora), la institucionalidad, la velocidad de los hechos internacionales debilitaba los mercados de combustibles y minerales. Mientras se conseguía estabilizar la rotación en los ministerios, crecía la incertidumbre para los inversionistas en el planeta. Mientras se buscaba un balance racional y serio entre el desarrollo de nuestros recursos naturales que beneficiara a los colombianos con generación de empleo de calidad y pago de abundantes tributos, muchos de nuestros legisladores y controladores buscaban de una parte, aumentar las cargas fiscales y las barreras de entrada y, de otra, obtener réditos políticos atacando a alguna multinacional, pour la galerie. Muchos confundieron el buen ambientalismo con el mal antidesarrollo. El resultado es que hoy los inversionistas son mucho más cautos y menos inclinados a arriesgarse en nuestro país.

Eso no significa que no sigan existiendo oportunidades, que no haya inversionistas dispuestos a comenzar, o crecer, proyectos en el sector. Lo que quiere decir es que hay que apretar el acelerador y aplicarse con más decisión, más sintonía, con lo que pasa más allá de las fronteras y de nuestros ombligos, con mayor claridad sobre la competencia que presentan otros destinos de inversión minero-energética, con más comprensión de que se necesita facilitar los negocios y hacerlos atractivos para que ese motor de la economía prospere y arrastre, a su vez, el desarrollo de otros ramos, con responsabilidad social y ambiental.

Quiere decir que debemos continuar fortaleciendo la institucionalidad del Estado al tiempo que, logrando, antes de que pase el cuarto de hora, la coordinación entre sus distintos estamentos, ministerios, departamentos. Que hay que fortalecer las alianzas público-privadas que obtengan lo mejor de los dos mundos (y eviten lo peor de ambos!). Que todas las empresas se deben comportar a la altura de estándares internacionales. Que no hay tiempo que perder y que, de no ‘pellizcarnos’ pronto, podríamos arriesgarnos a recordar esta como una más de esas oportunidades perdidas para dar un salto al desarrollo con prosperidad, equidad, modernidad, eficiencia y competitividad.

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