León Teicher

Intolerancia y paz

León Teicher
POR:
León Teicher
abril 30 de 2013
2013-04-30 03:52 a.m.
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Colombia es pasión. Bailamos y reímos apasionadamente, y también por pasión nos matamos con facilidad. Nos falta combinar la pasión con el respeto. Requerimos mucha más tolerancia por las ideas de los demás, especialmente cuando son opuestas a las nuestras. En la democracia, las diferencias de opinión se resuelven con diálogo y reglas de juego claras.

Nuestro pasado de violencia se nutre de la intolerancia, de creer que nuestra opinión es la única correcta (es ‘la verdad’), y que quien no la comparta está equivocado y merece ser castigado.

¿Será herencia de la Santa Inquisición, institución en su momento establecida por la Iglesia Católica para perseguir y torturar a aquellos que no compartieran sus respetables creencias, llevándolos, incluso, hasta la muerte?

La Iglesia la denunció en el siglo XX como equivocada y se disculpó, pero en Cartagena le conservamos un ‘Palacio’ de recordación. Seguramente se alimentó esa violencia de las contradicciones sociales de nuestro siglo XX. Tal vez la impulse aún nuestra costumbre de hacernos hinchas de posiciones y comportarnos como las barras bravas del fútbol frente a quien sea ‘del equipo contrario’.

Existen, por ello, potentes razones para buscar la paz, concepto no muy bien definido que nos lleva a soñar con una más armónica convivencia entre los colombianos.

Resulta, entonces, paradójico que alrededor de ese anhelo, que implica necesariamente respeto y tolerancia por las posiciones del otro, estemos enfrascados en una de las discusiones más intolerantes que hayamos vivido en el país. Habría que ir hasta los nefastos tiempos del Proceso 8.000 para encontrar a una Colombia más dividida y polarizada.

Basta con que alguien apoye, así sea con dudas serias, el proceso que el Gobierno ha emprendido, para que quienes no están de acuerdo lo acusen de izquierdista vendido, gobiernista y partidario de la reelección. Basta, igualmente, que alguien cuestione, así sea parcialmente, el proceso, para que desde el lado de los dueños de esa verdad se les acuse de derecha extrema, guerrerista, antigobiernista y enemigo de la paz. Quienes no compartimos completamente ninguna de las ‘verdades’, somos, curiosa y tristemente, demonizados en ambos campos.

El debate nacional, vigoroso pero sereno, respetuoso de todas las opiniones, no parece tener espacio. Los que apoyamos la búsqueda de la paz, albergando preguntas y grandes temores sobre el actual proceso, hemos sido desterrados del terreno de la opinión valedera y respetable.

Ninguno Escucha, con E mayúscula, nuestras razones. O somos o no somos.

Si ‘la paz’ es, en esencia, la convivencia ciudadana, que requiere tolerancia por la opinión de otros, ¿cómo es posible que en aras de buscar esa convivencia estemos creando una nueva forma de intolerancia, característica que siempre en nuestro país ha llevado a la guerra?

Estamos inmersos en ‘la guerra por la paz’. Como en las épocas en que aquí se mataba a infieles en nombre de Dios...

Leon Teicher

Empresario

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