León Teicher

Minería criminal y sociedad

León Teicher
Opinión
POR:
León Teicher
mayo 29 de 2015
2015-05-29 03:41 a.m.
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Tomó años, y denuncias de bastante gente en los años ochenta, para que el país adquiriera conciencia del grave peligro que corrían nuestra sociedad e instituciones por la influencia de platas del narcotráfico.

Se requirió la valentía de muchas personas para desenmascarar a quienes, desde rincones oscuros, financiaron campañas políticas, ensuciaron reputaciones de los que se les atravesaban y perpetraron crímenes en persecución de sus torcidos objetivos.

Afortunadamente, la sociedad triunfó y se relegó mayoritariamente a los maleantes a sus cuevas. No podemos decir que el problema se encuentra resuelto, pero está identificado, acorralado y perseguido por el Estado.

Actualmente, estamos viviendo un fenómeno similar con la minería criminal. Obviamente, no hablo de los pequeños mineros artesanales o tradicionales, que requieren apoyo del Estado y de las empresas legítimas para formalizarse y ser parte de nuestra sociedad. Me refiero a las mafias que pululan en el campo, que operan de forma similar al narcotráfico y que se esconden tras fachadas presuntamente impolutas. Empresas criminales, bien financiadas, que se aprovechan de las necesidades de la población y de las debilidades de las instituciones regionales.

Que financian campañas de desprestigio contra aquellos que promueven la formalidad y la legalidad, pues ellas son sus peores enemigos. Allí donde la gente tiene acceso a formas legítimas de ganarse la vida, donde la minería se lleva a cabo en la formalidad y con estándares internacionales, se recorta el campo para la operación de los criminales que prosperan en medio del caos.

Se está requiriendo actualmente una concientización general sobre el gran peligro que la minería criminal representa para Colombia.

Desafortunadamente, el válido diálogo sobre la necesidad de proteger el medioambiente, y de asegurar la participación de la gente de las regiones en las decisiones sobre los recursos naturales, desvía la conversación pública hacia sofismas como ‘minería o agua’ o ‘minería o agricultura’.

Es un hecho que donde se tienen indicios de que hay recursos, en particular aquellos más valiosos como el oro y minerales preciosos, en ausencia de una actividad formal que lo impida, se desarrollará, querámoslo o no, minería desordenada, depredadora y criminal, cuyos recursos irán a alimentar empresas criminales, sean grupos terroristas o no.

Los ministros actuales en las carteras relevantes (Minas, Ambiente, Defensa, Interior) tienen claro el diagnóstico y están actuando en consecuencia. La tarea ha comenzado y será dura y larga, pero seguramente fructífera. Es urgente que los medios de comunicación reflejen esa realidad, investiguen la criminalidad y eviten a toda costa ser manipulados por presuntos héroes que atacan el avance de la formalidad y la institucionalidad. No hay mejor antídoto contra la minería ilegal que la minería formal.

El Estado nunca tendrá recursos suficientes para eliminar del territorio nacional todos los laboratorios de coca o entables de minería de oro ilegal. El posconflicto y la deseada paz solo llegarán al campo colombiano, donde la minería genera hoy más de un millón de empleos directos e indirectos, de la mano y presencia unida de las instituciones y las empresas formales.

León Teicher
Empresario
 

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