León Teicher

Tontos y borregos

León Teicher
POR:
León Teicher
diciembre 20 de 2012
2012-12-20 12:10 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/24/56cdc243c64c9.png

Hace un año, los bogotanos nos ganamos el campeonato de la estulticia.

Estulticia significa necedad, ignorancia, estupidez, tontería. A la tradicional miopía de ‘las clases dirigentes’, que cada vez gobiernan menos en esta cambiada realidad nacional, le agregamos el egoísmo de los tres candidatos de centro y sus respectivos hinchas, que permitió que, con una votación minoritaria, el aspirante de la izquierda, ex Polo Democrático, ex M19, excongresista, excandidato a la Presidencia, llegara a gerenciar la segunda empresa más grande y compleja del país sin tener en su ‘experiencia’ el haber gerenciado nada.

Ni una panadería de barrio, ni una alcaldía de pueblo.

Petro tiene la gran ventaja de ser elocuente como pocos en un país que aplaude tal habilidad.

Hemos aclamado antes a otros elocuentísimos políticos, como a Alberto Santofimio, que casi llega a presidente.

Y el pueblo ha aplaudido a elocuentes empresarios, como David Murcia, quien si no hubiera cometido ciertos errores habría podido hacerse elegir presidente (digo yo).

Inteligente y sagaz como pocos, Petro supo aprovechar en aquel momento la miopía y el egoísmo de los que creíamos saber más, la falta de visión de conjunto y de largo plazo del liderazgo tradicional, las peleas de cocina de los privilegiados (recordemos una cancha de polo de un club privado convertida en parque público). Comportamientos que han caracterizado a otras dirigencias del continente y que dieron paso a comandantes y camaradas tan parecidos a Petro.

De la elocuencia a la gerencia hay un gran trecho. Lo ha podido constatar la ciudadanía de lo que hace una década fue una ciudad ejemplo en América Latina.

Eso era predecible. Ninguna empresa seria nombraría como máximo directivo a quien nunca ha gerenciado nada.

Ni una panadería entregaría su negocio a quien no sabe hacer pan.

Por más que hable maravillas de las delicias del pan y la necesidad de distribuirlo equitativamente. Lo que es insoportable es que además de estultos seamos borregos. Borrego puede significar cordero de entre 1 y 2 años, o persona cándida, que se somete a la voluntad de otra sin rebelarse ni protestar. Aclaro que no me refiero al cordero.

Borregos elocuentes. No hay reunión en la que no se hable a caudales del tema. Desde eventos académicos y económicos, pasando por viajes en taxi o encuentros en sitios de trabajo y reuniones de amigos, discurseamos abundantemente sobre el desesperante estado del tráfico, los colegios, las basuras.

Nos quejamos de las improvisaciones y los errores de Petro. Lo escuchamos en los medios afirmar que lo que pasa es que “los ricos no lo quieren”, y que “la derecha tiene montado un complot”.

Olvida que la mayoría de los perjudicados son quienes usan el transporte público y no tienen palancas en la Alcaldía ni alternativas para remover la basura de sus destruidas calles.

Pero, a pesar de que la mayoría de los bogotanos es de clase media y no votó por él, que gran parte de los capitalinos de todos los estratos está desesperada, concluimos como borregos, que no hay nada que hacer al respecto y que ojalá en tres años más –de lo mismo– algo quede de lo que fue la ciudad.

¿Cuánto abuso debemos sufrir para transformarnos de borregos a “sociedad civil”? ¿Cuántos ejemplos necesitamos de sociedades en las que la ciudadanía ha despedido a dirigentes incompetentes para abandonar la estulticia colectiva?

León Teicher

Empresario

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado