Lorenzo Dávila

Grecia: crónica de una muerte anunciada

Una salida de la zona euro de Grecia –la única–, supondría una depreciación brusca de la moneda y esto puede traducirse en un incremento de la inflación.

Lorenzo Dávila
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Lorenzo Dávila
febrero 21 de 2012
2012-02-21 06:05 a.m.
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Por muchas restricciones presupuestarias, recortes del gasto y disminución de salarios que articule el Gobierno griego, Grecia no puede ni podrá pagar su deuda, y menos aún con tasas de crecimiento negativas superiores al 3,5%. Grecia es un ‘Estado europeo’ fallido, pues la viabilidad económica del país dentro del euro es nula y cualquier intento por perdurar una agonía sin fin no es más que el camino hacia un retraso de su recuperación, con la conflictividad social creciente y un empobrecimiento de la mayoría de la población griega, que se asemeja cada vez más a una situación de posguerra, pero sin nada que reconstruir. 

El mayor problema de la situación del país heleno se da por caer preso de los principios ortodoxos del pensamiento único neoliberal de la troika formada por el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea (en la práctica léase Alemania y Francia), que se debaten entre la defensa de intereses no muy claros y un error de modelo capaz de estrangular a todo un pueblo. 

Si nos atenemos a este segundo punto nos enfrentamos a un concepto muy de moda en Europa que es la devaluación indirecta, o cómo recuperar competitividad en los mercados internacionales mediante reducciones sistemáticas de las rentas del trabajo, como alternativa a un proceso de devaluación del tipo de cambio.

El primer error de modelo parte de que una devaluación del tipo de cambio afecta tanto al activo como al pasivo de las empresas y supone una reducción de las rentas del trabajo, pero también las del capital. En otras palabras, que considera un empobrecimiento del país, pero también se reducen las deudas que estén nominadas en la divisa local, mientras que lo que se está llevando a cabo en Europa reduce las rentas del trabajo, pero se mantienen los nominales de las deudas, y lo que es peor, se deflacta la economía. 

La ganancia de competitividad de la que se habla desde la ortodoxia sólo sirve para liquidar activos inmobiliarios a precios de derribo y para hacer más atractivos la prestación de servicios en el país mediterráneo de tipo turístico, dado que sin una limpieza real de los balances de las empresas, estas jamás podrán competir en precio con productos orientales e incrementar sus ventas en el exterior lo suficiente como para compensar la brusca caída de la demanda efectiva doméstica deteriorada por la caída de las rentas.

Una salida de la zona euro de Grecia –la única–, supondría una depreciación brusca de la moneda y esto puede traducirse en un incremento de la inflación con lo que disminuir la deuda en términos reales y hacer más atractiva la inversión, va a ser difícil. 

Aún así, la situación a la que se ha llegado es tan grave que probablemente se necesitará de un proceso de reestructuración y cancelación ordenada de las deudas, con lo que se ganaría competitividad al tiempo que la depreciación establecería una barrera a las importaciones para todos los estratos.

El otro camino de Grecia pasaría por una retiro generalizado en porcentajes que deberían superar el 70%, al tiempo que se planifica una política de crecimiento impulsada desde el sector público (liberado de deuda), pero esto choca con los intereses ocultos de más de uno. 

LORENZO DÁVILA

JEFE DE INVESTIGACIÓN, INSTITUTO DE ESTUDIOS BURSÁTILES DE MADRID

lorenzodavila@davila-eafi.com

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