Lorenzo Dávila

Pan para hoy...

Lorenzo Dávila
POR:
Lorenzo Dávila
marzo 06 de 2012
2012-03-06 03:05 a.m.
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¿A finales de la semana pasada el Banco Central Europeo realizó la segunda y, según declaraciones de la Canciller alemana Angela Merkel, última (en lo que representa un claro ejemplo de dudosa independencia del BCE, uno de los principales males de la Europa del euro) subasta de financiación a tres años, que, junto con la anterior, inyecta más de un billón de euros al sistema, para así dar un vuelco con la finalidad de aplazar el problema del déficit bancario europeo y ganar tiempo para centrarse en el problema de la deuda pública.

Visto de esta manera, no es sólo aparentemente una buena idea, sino que no hay otro remedio. Pero surgen varias dudas en el horizonte: la primera de ellas es si de verdad va a resolver el problema de las entidades financieras, dado que aunque soluciona temporalmente el financiamiento de las mismas en un entorno de mercados de capitales cerrados –el pasivo–, no soluciona los problemas que aparecen por el lado del activo, esto es, la tasa de mora creciente y la adjudicación de activos colaterales como dación en pago, en depreciación permanente, para encubrir dicha morosidad.

De hecho, ese mismo fin de semana salía la información de cómo el Deutsche Bank, primer banco europeo, y pese a la subasta de liquidez del BCE, negociaba la venta de una de sus joyas de la corona, la división de gestión de activos, para hacer caja, con la consiguiente pérdida de recurrente y el empobrecimiento en la calidad de su activo, algo así como, pan para hoy y hambre para mañana. El problema del valor del activo (préstamos) sólo se puede solucionar mediante crecimiento económico, algo que la política económica ortodoxa europea, con políticas fiscales restrictivas en entornos previos con tasas de crecimiento negativo, no hace más que hundir.

La segunda duda hace referencia a si ese dinero captado por las entidades financieras –si finalmente se canaliza hacia deuda pública de economías como la italiana o la española con rentabilidades por encima del 5 por ciento, para un dinero captado al 1 por ciento y en entornos deflacionistas, y en la medida en que esa inversión en deuda europea está bonificada a no exigir requerimientos adicionales de capital a las entidades europeas que inviertan en ella– va a poder cobrarse dentro de tres años, cuando venzan los créditos en unas economías con perspectivas de crecimiento negativo, por encima del -2 por ciento, y con una sobreprima frente a Alemania de más de 300 puntos básicos.

Cierto es, que sirve para cubrir a corto plazo los fuertes vencimientos de deuda de abril y octubre, pero si no se articulan políticas de crecimiento económico, el problema no hace más que crecer anualmente a tasas superiores al 5 por ciento real con interés compuesto.

La tercera duda es si el billón de euros lanzado al mercado de la Eurozona será suficiente, cuando sólo en el Reino Unido el rescate bancario supuso en el 2009 una inversión por encima de 1,6 billones de libras. Con este panorama, es posible que hayamos tocado base, tal y como declararon, una vez más, los líderes europeos, pero me temo que soló se trate del fondo de un nuevo peldaño en medio de una escalera perversa.
LORENZO DÁVILA

JEFE DE INVESTIGACIÓN DEL IEB, MADRID
lorenzodavila@davila-eafi.com

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