Louis Kleyn

Gobierno debe regular sistemas de buses

Louis Kleyn
Opinión
POR:
Louis Kleyn
febrero 19 de 2016
2012-04-19 04:11 a.m.
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El ‘Transmilenio’ representó un mejoramiento radical en lo concerniente a la movilidad en Bogotá.

Es un sistema de transporte mucho más veloz, práctico y predecible que el sistema tradicional, privado y anárquico, todavía vigente en gran parte de la ciudad y el resto de las ciudades colombianas.

Adicionalmente, el ‘Transmilenio’, a diferencia de la inmensa mayoría de los sistemas de transporte masivo en el resto del mundo, no requiere de subsidios del gobierno para su funcionamiento.

Con base en la experiencia capitalina, el gobierno de Uribe apoyó presupuestalmente el establecimiento de modelos similares en las principales ciudades colombianas.

De esta manera, Pereira, Bucaramanga, Cali, Barranquilla, Medellín, y Cartagena cuentan ahora con un sistema masivo de buses en diferentes etapas de desarrollo.

Allí donde están ya en funcionamiento, gozan, sin excepción, de una altísima aceptación entre la ciudadanía.

Sin embargo, a pesar de la comprobada efectividad y manifiesta popularidad, su desarrollo tiene aún importantes nubarrones.

La razón principal es la continua existencia de los buses tradicionales, que compiten deslealmente en las mismas rutas de los sistemas masivos y/o en el resto de la ciudad.

El desproporcionado poder político que tienen los transportadores hace tímidas a las autoridades locales, que no han sido capaces de controlar la competencia y, menos, de implantar sistemas integrados, como el que ya esta programado en Cali y adjudicado en Bogotá.

Al concebir los sistemas masivos, los gobiernos locales incentivaron la participación accionaria de los transportadores tradicionales, grandes y pequeños, en las empresas operadoras de estos sistemas, suponiendo que de esta manera contarían con su apoyo. No obstante, el efecto no ha sido el esperado. Estos accionistas han continuado trabajando con sus buses de siempre, en donde tienen la flexibilidad de administrar su propia caja y mantener muy baja la calidad del servicio.

Mientras tanto, en su rol de accionistas, se quejan por la falta de pasajeros en el sistema masivo.

Desde otro frente, el nuevo alcalde de Bogotá ha planteado la necesidad de revisar los contratos de Transmilenio, aduciendo que los términos son demasiado generosos para los operadores.

Esto introduce un ruido inútil que aumentará las dificultades para atraer los enormes capitales necesarios para expandir y afirmar los sistemas.

La movilidad es uno de aquellos aspectos de la vida en sociedad donde la participación del Estado es esencial, pues el interés particular choca contra el interés general.

Los gobiernos municipales no tienen típicamente la capacidad de aislarse de los intereses de los transportadores, quienes reciben un trato inexplicablemente benigno. Es imperativo asumir desde el gobierno central, la regulación que conduzca a las ciudades a la implantación de sistemas integrados, evitando que los muy diversos y atomizados intereses de los transportadores tradicionales impidan la consolidación de un transporte público eficiente.

Reforzando los procesos que ya están en marcha, el gobierno del presidente Santos, tal vez con el apoyo del Congreso, tiene en este tema la inmejorable oportunidad de contribuir de forma palpable e inmediata sobre la calidad de vida de la gran mayoría de los colombianos y sobre la competitividad de nuestras ciudades.

Luis Kleyn, Consultor empresarial

louiskleyn@hotmail.com

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