Louis Kleyn
columnista

Recolección: ¿pública o privada?

¿Qué hace que una actividad que ha producido significativas utilidades a varios empresarios privados, en manos públicas genera pérdidas imposibles y entrega un servicio de calidad inferior?

Louis Kleyn
POR:
Louis Kleyn
octubre 30 de 2017
2017-10-30 08:59 p.m.
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Un tema siempre relevante en la gestión y organización de la prestación de los servicios públicos, es la participación de la empresa privada y la posibilidad de introducir mecanismos de mercado para minimizar el costo o maximizar la calidad del servicio. Los servicios públicos tienen, en general, características de ‘monopolio natural’; es decir la existencia de un solo proveedor lleva a la solución más eficiente.

La recolección de basuras es una actividad relativamente elemental, pero de gran importancia para el bienestar ciudadano. Históricamente, no fue tan fácil lograr que las grandes aglomeraciones urbanas tuviesen sus calles limpias; se reconoce como un logro del finales del siglo XIX. En Bogotá, estuvo en cabeza del Edis, empresa del distrito, desde 1958 hasta 1994. La calidad del servicio fue siempre terrible. Muchos recordarán los desvencijados camiones Pegaso, las constantes huelgas de los empleados y las montañitas de basura en las esquinas. La recolección se concesionó desde 1994 a operadores privados, con una mejoría inmediata y evidente en el aseo de la ciudad.

En te el 2012, la administración Petro lanzó la idea de reemplazar a los concesionarios privados por un servicio prestado directamente por el distrito. Argumentó que las utilidades de los privados eran muy altas, que hacerlo sería un buen negocio para la ciudad y que incluso se podrían bajar las tarifas a los usuarios. Así, pareció una movida interesante. El asunto desembocó en una improvisada maniobra para entregar la recolección a una empresa dependiente de la EAAB. Ante su evidente incapacidad, su alcance se limitó a algunas de sus zonas, alrededor de la mitad. El experimento fue una pesadilla logística para la Alcaldía, con problemas en todos los frentes, desde la contratación del personal hasta la adquisición de los camiones y el diseño de las rutas. La operación nunca se estabilizo y continúa dando pérdidas de más de 100 mil millones de pesos anuales.

Lo ilustrativo es que a pesar de que han pasado varios años y de la entrada de Peñalosa como alcalde, quien tiene probadas capacidades gerenciales en Bogotá, la calidad del servicio de recolección de basuras por parte de la entidad distrital sigue siendo inferior al que prestaba el privado. Zonas de Teusaquillo y Chapinero permanecen 24/7 con desechos. Aguas Bogotá deja residuos de basura a su paso. En cuanto al mantenimiento del prado, el privado utilizaba personal entrenado que respetaba el plateado de los árboles y no cortaba sus troncos con la guadaña. Aguas de Bogotá, en cambio, cuando corta el césped destroza los troncos de los árboles, incluso los recién sembrados por el Jardín Botánico o el IDRD.

¿Qué hace que una actividad que ha producido significativas utilidades a varios empresarios privados, en manos públicas genera pérdidas imposibles y entrega un servicio de calidad inferior? Con notables excepciones, los gobiernos suelen ser malos gestores. Afortunadamente, después de muchas sospechosas prórrogas, parece una realidad que se abrirá la licitación para adjudicar nuevamente a empresas privadas la recolección de basuras, dividiendo a la ciudad en cinco zonas.

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