Lucas Echeverri Robledo
columnista

La locomotora del crecimiento

De entrada se frena la innovación, todo porque normas como las Buenas Prácticas Manufactureras y Sanitarias no son hechas para apoyar el crecimiento.

Lucas Echeverri Robledo
POR:
Lucas Echeverri Robledo
marzo 14 de 2017
2017-03-14 07:38 p.m.
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Una economía pujante necesita de pequeños emprendedores tomando riesgos y desarrollando nuevos negocios que entre más innovadores y originales serán mejores para el país, y entre más grande el entramado darán más salud a la economía.

En Colombia la complejidad normativa no ha permitido esa masa crítica necesaria de pequeños empresarios, porque pareciera que el Estado, en lugar de entender lo importantes y necesarios que son, los viera como enemigos que hay que supervisar hasta el punto de asfixiarlos.

Los tramites con el Estado son pensados para ser tortuosos y todos unidos parecen infranqueables, además de costosos, llenos de posibles interpretaciones que se prestan para que los funcionarios terminen “haciendo favores” para poder cumplir la ley, lo que da entonces cabida a la corrupción.

Entre más novedosa una idea más complicado el trámite porque nadie lo ha hecho. Tomemos como ejemplo las cervezas artesanales, industria innovadora que ha cambiado el panorama de cómo se hace y se toma cerveza en medio mundo, creando de paso miles de puestos de trabajo. En Colombia, esta industria tiene un freno en el Estado, en forma del Invima, para volver este negocio una realidad.

El primer paso para vender una cerveza es el permiso sanitario, requisito inexistente o mínimo en Europa o Estados Unidos, pero al ser aquí obligatorio, el empresario se somete a estas reglas, pensando que deben ser sencillas y medianamente lógicas; pero no.

Una pequeña cervecería, como casi todos los pequeños emprendimientos, empieza con pocas personas, en este caso que saben hacer cerveza, porque, digamos, aprendieron en Europa, pero en Colombia necesitan un ingeniero, según un decreto del Ministerio de Salud. Es como si a un restaurante le exigieran un ingeniero de alimentos para dirigir al Chef.

Ahora, si el Maestro Cervecero, que no puede hacer cerveza sin un ingeniero, quiere innovar y variar el proceso añadiendo, digamos, chontaduro, pues el Invima no lo autoriza, ya que solo puede usar lo que los abogados de esa entidad aprueben, así este ingrediente sea usado en todo el mundo.

Innovar implica hacer cervezas con recetas distintas, en cortos tiempos, pero aquí no se puede porque el Invima exige a cada cerveza un registro sanitario independiente, proceso largo, engorroso y costoso con el que filtran lo que les parece.

Resultado: frenada la innovación, punto primordial del crecimiento económico de un país, no solo en este sector.

Pero las trabas siguen. A este pequeño entable le piden que tenga un laboratorio, porque toda cervecería debe tener un laboratorio en Colombia, requisito inexistente en otras partes del mundo, y luego le piden que el lugar donde está instalado no tenga nada en madera, porque en Colombia la madera contamina los procesos, aunque al parecer no en el resto el mundo, y recibir gente como en los restaurantes de Estados Unidos y Europa, pues ni en sueños, porque el Invima lo prohíbe.

Repito, de entrada se frena la innovación, todo porque normas como las Buenas Prácticas Manufactureras y Sanitarias, al igual que muchas otras, no son hechas con la finalidad de apoyar al crecimiento, sino como un requisito; son una estandarización dictada por una Ley o Decreto, cuando la realidad no es estandarizable y menos cuando se innova o evoluciona, convirtiendo este tipo de normas en frenos al desarrollo muchas veces insuperables.

Posibilidad de que se revise esta problemática: Ninguna.

Lucas Echeverri
Empresario
lukaseche@gmail.com

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