Luis Alberto Zuleta J.
columnista

2014 - 2017: ¿confianza?

Colombia tiene grandes perspectivas de mediano plazo, pero siguen pendientes las acciones de competitividad.

Luis Alberto Zuleta J.
Opinión
POR:
Luis Alberto Zuleta J.
junio 14 de 2017
2017-06-14 09:42 p.m.
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En 1995, el escritor Francis Fukuyama publicó su libro Confianza: las virtudes sociales y la capacidad de generar prosperidad, que bien vale la pena releer para esta coyuntura de la sociedad colombiana. El autor afirma que, para lograr prosperidad y competitividad, el llamado capital social es crítico y sus efectos se perciben, no solo en la vida económica, sino en la política y social. “La sociabilidad espontánea tiene consecuencias que no son fáciles de captar en una estadística de ingreso per cápita (…)”. Las sociedades con alto grado de confianza tienen una ventaja para generar organizaciones en red.

Hechos recientes de la economía colombiana pueden examinarse desde esta perspectiva. De un lado, una característica importante de esta economía está en que el consumo de los hogares conforma, en promedio, el 65% del PIB. Por esto, no solo la situación objetiva de los ingresos de las familias, sino su percepción del futuro, contribuye a que destinen más o menos recursos al gasto o ahorro para prevenir situaciones futuras. Esto se registra en los indicadores de confianza del consumidor que elabora Fedesarrollo.

Por otra parte, tanto la confianza de los hogares, como la de los empresarios se afecta también por hechos que no siempre son económicos. Por ejemplo, el nerviosismo que produce en algunos sectores la realidad de la paz, la inminencia de un certamen electoral y la magnitud de los eventos de corrupción que se han identificado recientemente. Todo esto, en medio de un entorno internacional incierto. Lo anterior hay que mirarlo en una perspectiva de corto plazo y mediano plazo.

La reducción actual de tasas de referencia que viene impulsado el Emisor para contrarrestar la caída en el crecimiento económico después de una reducción en la tasa de inflación, se produce luego de un periodo en el que la disminución abrupta de los ingresos del Estado, inducida por la caída en los precios del petróleo, produjo un déficit insostenible en la cuenta corriente que era necesario controlar por varios canales. Esto produjo una desaceleración económica, esperada por los que gestionan las variables macroeconómicas.

Pero esta es una situación transitoria que debe ser revertida gradualmente, en la medida en que se ha controlado el déficit de cuenta corriente, estabilizado la inflación e introducido cambios en la tributación para contrarrestar parcialmente la caída del ingreso. Sin embargo, revertir la tendencia nuevamente exige, no solo control de las principales variables, sino aumento en la confianza de los agentes económicos.

Colombia sigue teniendo grandes perspectivas de mediano plazo, pero tiene pendiente las acciones de competitividad que se requieren para darle un aire necesario a la agricultura y la industria, después del boom minero-energético. Esta coyuntura es propicia para el desarrollo agrario, pero debe evitar desequilibrios entre los distintos subsectores exportadores y tradicionales, con la garantía de estabilidad jurídica, en medio de los cambios que se requieran para inducir mejoras en productividad y suministro de bienes públicos.

Sin duda, se ha dado un impulso inicial con el plan de infraestructura 4G y se iniciará otro de vías terciarias, pero este es el camino. También es importante que los programas de reactivación similares al Pipe I y II tengan éxito, como la reducción de los intereses de vivienda. Una tesis de discusión al terminar este artículo: la confianza cae dramáticamente cuando la sociedad civil se debilita. Quizás la acendrada polarización política de los últimos años viene destruyendo aceleradamente la confianza en el futuro.
La sociedad como un todo debe hacer frente a esta tendencia.

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