Luis Alberto Zuleta J.
columnista

Bancóldex como banco de desarrollo

Lanzar de manera masiva programas de educación financiera para distintos segmentos de empresas tienen un potencial enorme de mejora en la inclusión.

Luis Alberto Zuleta J.
Opinión
POR:
Luis Alberto Zuleta J.
agosto 09 de 2017
2017-08-09 08:42 p.m.
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El cambio en la dirección de Bancóldex es una buena oportunidad para reflexionar sobre el éxito de las políticas que ha venido aplicando la entidad. Los comentarios que se presentan en este escrito se basan principalmente en estudios recientes elaborados para la Cepal.

Los países que cuentan con un banco de desarrollo buscan, ante todo, utilizarlo como un instrumento eficaz para suplir las carencias de la banca comercial tradicional en lo que se refiere a inclusión financiera de personas naturales, pero principalmente de las empresas de menor tamaño. Colombia cuenta con dos bancos de desarrollo especializado: Bancóldex y Finagro. Aquí hago referencia exclusivamente a Bancóldex.

En la última década esta entidad ha avanzado notablemente en un proceso de transformación hacia una agencia de desarrollo que busca prestar servicios diversificados a segmentos diferentes de empresas, principalmente exportadoras.
También ha desarrollado una serie de productos de gran utilidad para las empresas, como el factoring, el leasing, los fondos de capital de riesgo y posiblemente el producto estrella reciente, el financiamiento de los emprendedores tecnológicos a través de iNNpulsa.

Otro gran distintivo de Bancóldex consiste en contar con un brazo innovador como es la Banca de las Oportunidades, que transformó el acceso a productos financieros en todas las zonas apartadas del país a través del programa de corresponsales bancarios, entre otros logros.

Sin embargo, si se comparan los primeros cinco años de la última década con los segundos cinco, Bancóldex ha reducido su participación en la cartera de redescuento a las pymes y la ha aumentado para la gran empresa, incluidas compañías multilatinas, con una estrategia de colocar recursos en todo tipo de empresa con potencial de crecimiento. La buena noticia consiste en que los recursos destinados a las pymes se orientan principalmente a proyectos de inversión y cuentan con un amplio portafolio de entidades financieras y no financieras que apoyan el redescuento. También se han mejorado los plazos para las pymes.

La estrategia colombiana de financiamiento a las empresas exportadoras y no exportadoras, con bajo acceso en la banca tradicional, se ha reforzado con el exitoso programa de garantías del Fondo Nacional de Garantías (FNG), que otorga respaldo a través de recursos de Bancóldex y de la banca privada. Todos estos instrumentos han hecho énfasis en el lado de la oferta, y en el caso del FNG contribuyen enormemente a reducir la deficiencia de información sobre las empresas y mejorar la experiencia crediticia.

Sin embargo, es notable el bajo desarrollo de los estímulos a la demanda impulsados por bancos de desarrollo como Corfo, en Chile. Un potencial enorme de mejora en la inclusión financiera consiste en lanzar de manera masiva programas de educación financiera para distintos segmentos de empresas, que deberían contar con una ágil ventanilla virtual y con un back office de asesoría personalizada, preseleccionada virtualmente. Este programa podría ser diseñado desde la Banca de las Oportunidades y ejecutado por Bancóldex.

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