Luis Alberto Zuleta J.
Análisis

Programas económicos para el próximo gobierno

En el frente macroeconómico, el reto principal está en mantener un buen ritmo de generación de ingresos del gobierno, con austeridad en el gasto y, al mismo tiempo, conservando la regla fiscal y el desarrollo de programas de inversión de largo plazo.

Luis Alberto Zuleta J.
POR:
Luis Alberto Zuleta J.
octubre 26 de 2017
2017-10-26 10:56 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/24/56cdc2595bece.png

No es necesario ser expertos en ciencia política para saber que el abultado número de precandidatos que hoy encontramos en el país aspirando a la presidencia tendrá una depuración con el paso de los meses, en la medida en que se avance en la construcción de alianzas para la primera y segunda vuelta. Gran parte del consenso de la sociedad consiste en que aspiraría a que la construcción de estas alianzas se realice sobre programas.

Por supuesto, la próxima administración tendrá que enfrentar la transición en el detalle de la aplicación del Acuerdo de Paz celebrado, y para este artículo se asume que los aspectos que se plantean deben tener un capítulo al respecto.

Dada la complejidad del tema, simplemente se enunciarán aquellas problemáticas que deberán enfrentarse en las áreas centrales de la actividad económica, a saber: la política macroeconómica, la política sobre generación de bienes públicos para la competitividad de mediano y largo plazo, y la participación del Estado en los consensos que se requieren con el sector privado para impulsar dinamizadores de crecimiento, empleo y equidad.

En el frente macroeconómico, toda administración de gobierno participa con el Banco de la República a través del Ministro de Hacienda en el fortalecimiento de la política antiinflacionaria, que viene exhibiendo buenos resultados de convergencia a las metas de mediano plazo, pero siempre deberá tener presente ajustes transitorios a problemas como los registrados en los últimos años (caída de los precios petroleros, fuerte impacto del cambio climático y eventuales paros que sacuden a la economía, como el de los camioneros y el de Avianca).

En este frente macro el reto principal está en mantener un buen ritmo de generación de ingresos del gobierno, con austeridad en el gasto y, al mismo tiempo, conservando la regla fiscal y el desarrollo de programas de inversión de largo plazo. A esto debe añadirse el altísimo costo que significaría para el país si se cambia la calificación de la deuda. Así pues, las tentaciones de populismo fiscal tendrían un elevadísimo costo de crecimiento en el largo plazo.

Es preciso anotar en este campo, que Fedesarrollo ha venido advirtiendo sobre la conveniencia de una nueva reforma tributaria para la sostenibilidad fiscal de largo plazo. Y también es bueno recordar que está en marcha una comisión del gasto, cuyos resultados deben ser examinados.

Lo anterior sin mencionar el desafío de mantener buenas reglas sobre el sistema financiero que permitan bajo costo de capital en términos internacionales y la solidez del sistema que hoy se tiene, pero, a la vez, profundizando la inclusión financiera de personas y empresas.

Como se ve, estos círculos virtuosos no son fáciles de impulsar de manera sostenida en el tiempo. Pero la calidad de la política macroeconómica debe estar acompañada de incentivos adecuados a los sectores productivos que no requieren subsidios sin contraprestación, como ocurrió hace unos pocos años, sino provisión adecuada y sostenida de bienes públicos en materia de infraestructura física (carreteras troncales, secundarias y terciarias, aeropuertos, red férrea y reglas adecuadas para las telecomunicaciones), educación (calidad, cobertura y financiamiento), condiciones propicias para la innovación con investigación y desarrollo para el sector agropecuario y reglas del juego adecuadas para los otros sectores, y calidad y cobertura de salud, tema en el que se ha avanzado aunque se requiere mucho más. Tal vez el reto mayor que se ha abandonado, por décadas, es el de la equidad y sostenibilidad en el régimen pensional.

Aunque todo lo anterior tiene que ver con la competitividad de mediano y largo plazo, las reglas del juego relativas a los tratados de libre comercio y a la política arancelaria requieren un examen que permita mayores ganancias de productividad.

El abrupto final del ciclo de precios agrícolas en el 2012 y el minero en el 2014, con las conocidas consecuencias sobre crecimiento y deterioro de la balanza cambiaria, debería ser razón suficiente para que el país retorne a una política sostenida de desarrollo productivo que equilibre el papel de los sectores, dando a la industria y a la agricultura un papel preponderante y manteniendo adecuados incentivos a los hidrocarburos y minería sostenible. Todo lo anterior, en consonancia con lo dicho sobre bienes públicos.

Es preciso resaltar que la coyuntura devaluacionista favorable a las exportaciones industriales de los tres últimos años no ha sido utilizada por muchas empresas por considerar que no tienen condiciones estables de mediano plazo para asegurar el retorno de la inversión requerida.

Estas cortas reflexiones sobre problemáticas y capítulos que deberían contener los programas de los candidatos en concurrencia, deberían concluir con una consideración sobre el papel de la sociedad civil en sancionar los actores políticos responsables de corrupción y premiar a los actores responsables, y tener también en consideración la necesidad de fortalecer la calidad de la administración pública y el afianzamiento de las instituciones de justicia.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado