Luis Alberto Zuleta J.

Devaluación: ¿trae nuevos vientos a la economía?

Luis Alberto Zuleta J.
Opinión
POR:
Luis Alberto Zuleta J.
mayo 06 de 2015
2015-05-06 03:18 a.m.
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Algunas declaraciones de altos funcionarios del Gobierno proponen aprovechar la coyuntura de devaluación de la tasa de cambio para impulsar las exportaciones de los sectores industrial y agropecuario, y así compensar la caída en el ingreso que produce la extinción de la bonanza minero-energética que se extendió por cerca de una década.

Es importante considerar que durante el periodo de revaluación de la tasa de cambio muchas empresas colombianas perdieron mercados y contratos específicos de cierta duración. Esto estuvo combinado, en varios casos, con una desaceleración de inversión en planta y equipo requerido para el mercado exportador y algunas compañías invirtieron su plan de negocio hacia la venta de productos importados. Todo esto significa que para muchas firmas, la devaluación puede ser una oportunidad, pero no de corto plazo, por cuanto requieren reorientar nuevamente su estrategia de negocio.

Por otra parte, es importante considerar que la devaluación tiene efectos diferentes según la estructura productiva y de costos de cada empresa, en el sentido de si es exportadora o importadora neta de productos finales e insumos. Para las compañías que tienen una cobertura natural, la devaluación las puede beneficiar en un término más corto.

De otro lado, la mayor o menor flexibilidad para ajustar el aparato productivo a las nuevas circunstancias también está relacionada con el tamaño de las organizaciones. Las firmas y grupos grandes tienen acceso permanente a la información, a los recursos, y cuentan con capital humano apropiado para hacer los cambios necesarios en un periodo más corto.

En este contexto, es importante preguntarse cuál es el papel del Estado para apoyar empresas de ambos sectores dentro del objetivo propuesto. Aquí viene muy bien el uso de la experiencia internacional en banca de desarrollo especializada en aportar soluciones a las compañías, brindando los servicios requeridos, algunos de los cuales el mercado no ofrece espontáneamente: adecuación de los productos a los distintos mercados, información sobre mercados externos, ajustes en la estructura productiva y organizativa, mayor acceso a crédito para las necesidades específicas, fortalecimiento de la logística, la consolidación de la mano de obra calificada que se requiera, etc. Un ejemplo de esta flexibilidad ha sido Corfo en Chile, acompañado de la experiencia de la Fundación Chile, que tímidamente tratamos de imitar en Colombia.

Hace unas semanas, Bancoldex relanzó su nueva estrategia frente a un grupo importante de empresarios, y realmente mostró experiencias muy interesantes, algunas de las cuales pueden ser replicables. También propició la participación de expertos internacionales.

Sin embargo, cabe preguntar si la estrategia planteada consistente en apoyar desde el Estado a aquellas empresas con crecimiento dinámico y contemplar grandes perspectivas hacia el futuro es el enfoque requerido para habilitar firmas de menor tamaño en el proceso de atención de los requerimientos de los mercados internacionales.

Tanto el Ministerio de Industria y Comercio como la cartera de Agricultura deberían generar conjuntamente sinergias para las empresas agroindustriales, y el Ministerio de Comercio repensar con celeridad la multiplicidad de instrumentos disponibles para los empresarios que operan hoy descoordinadamente.

Luis Alberto Zuleta J.
Consultor empresarial
zuldezub@cable.net.co
 

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