Luis Arango Nieto

Crecimiento económico y pobreza

Hay que tener en cuenta que la mayor incidencia de pobreza y desigualdad se encuentra en el sector r

Luis Arango Nieto
POR:
Luis Arango Nieto
diciembre 14 de 2007
2007-12-14 08:58 p.m.
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Desde hace mucho tiempo se discute en el país la necesidad de un crecimiento acelerado para solucionar los problemas de pobreza. Aquí vale la pena recordar la política del 'desarrollismo' planteada por Álvaro Gómez en una de sus campañas presidenciales. A pesar de que esto sucedió hace varios años, aún existen estudiosos que plantean lo mismo, lo que merece un análisis que proporcione alguna claridad al tema. Esto sucedió en octubre pasado en Beijing, donde se desarrolló una conferencia orientada a buscar acciones para combatir la pobreza y el hambre en el mundo. Martin Ravallion, del Banco Mundial, se refirió al tema del crecimiento económico y la pobreza con el sugestivo titulo 'El Crecimiento Económico no es una Política Contra la Pobreza'.
Plantea inicialmente el Señor Ravallion dos paradigmas sobre las políticas para luchar contra la pobreza:

1. El crecimiento económico es suficiente. La desigualdad se presenta como un subproducto del crecimiento económico necesario para reducir la pobreza. Además, la desigualdad no debe ser una preocupación en los países pobres.

2. Se requiere algo más que crecimiento económico. La reducción rápida de la pobreza necesita una combinación de crecimiento económico y políticas sociales.

Sin embargo, agrega que entra en juego otro factor que es la desigualdad, la cual puede retardar el crecimiento. Es así que para reducir la pobreza del 40 al 20 por ciento con un crecimiento del 2 por ciento anual, se requieren 11 años con baja desigualdad (gini 0.30) y 35 años con alta desigualdad (gini 0.60). Esta situación infiere que cuando la desigualdad es alta, hay un sesgo en contra de las políticas que favorecen la lucha contra la pobreza, perpetuando no solo la pobreza, sino la desigualdad.

El señor Ravallion concluye que ninguno de los paradigmas se constituye en una adecuada estrategia para reducir la pobreza. En el primero, afirma que hay algunas correlaciones positivas entre crecimiento y reducción de la pobreza, pero no son concluyentes. En el segundo, es difícil separar las políticas para el crecimiento y las políticas de pobreza. Algunas que promueven crecimiento tienen efectos redistributivos y otras que tienden a solucionar pobreza tienen fuertes implicaciones en la eficiencia. Sin embargo, se debe pensar en algunas políticas, como las sugeridas por Ravillon, descritas a continuación, pero teniendo muy en cuenta la desigualdad.

Estas son: privilegiar el desarrollo de los activos físicos y humanos de los pobres; promover el desarrollo y la funcionalidad de los mercados, incluyendo el crédito, las tierras y el trabajo; remover los sesgos contra los pobres en el gasto público, los impuestos, el comercio y las regulaciones; promover el crecimiento de sectores claves como la agricultura y el desarrollo rural, así como los servicios (China ha demostrado que estos rubros han sido los de mayor incidencia en la reducción de la pobreza); desarrollar una estrategia de inversión pública en áreas pobres con potencial productivo, y proveer paliativos temporales con cargo al presupuesto nacional, mientras se desarrollan las condiciones productivas.

Aunque el crecimiento económico, por sí solo, no es suficiente para reducir la pobreza definitivamente, contribuye y Colombia viene alcanzando cifras importantes que indican que vamos por buen camino y que se puede disminuir pobreza, pero atendiendo la desigualdad a través de políticas que favorezcan a los pobres, de lo contrario su reducción de la pobreza se vuelve más lenta.
Finalmente, hay que tener en cuenta que la mayor incidencia de pobreza y desigualdad se encuentra en el sector rural y por eso se insiste en priorizarlo, pues según la experiencia China, es donde se produce el mayor impacto. 

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