Luis Augusto Yepes
análisis

El gas propano y el posconflicto

Llevarlo a las más apartadas regiones de Colombia para mejorar la calidad de vida debe ser el objetivo de una política pública energética. 

Luis Augusto Yepes
Opinión
POR:
Luis Augusto Yepes
diciembre 08 de 2016
2016-12-08 04:22 p.m.
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En los acuerdos de La Habana, el tema energético se trata en el capítulo 1, ‘Hacia un nuevo campo colombiano: reforma rural integral (RRI), en al cual algunos de los principios son lograr el bienestar y buen vivir en las zonas rurales colombianas y la convergencia entre la calidad de vida urbana y rural. Una adecuada formulación de la ‘política energética’ en el marco de este Acuerdo es un instrumento para alcanzar el mejoramiento en la calidad de vida de las zonas campesinas, cuya existencia misma se vio muy afectada durante la vigencia del conflicto armado. Es hora, entonces, de que la ‘energía’ entre a aportar su grano de arena en la construcción del nuevo país.

El numeral 1.3.1.3 sobre infraestructura eléctrica y conectividad, señala que el Gobierno Nacional diseñará e implementará un plan nacional de electrificación rural con los siguientes criterios: ampliación de la cobertura eléctrica; promoción y aplicación de soluciones tecnológicas de generación eléctrica de acuerdo con las particularidades del medio rural y las comunidades, y capacitación en el uso adecuado de la energía para garantizar su sostenibilidad.

Las características de las zonas rurales con demandas dispersas y alejadas de los sistemas interconectados de generación y transmisión de energía y gas natural, hace necesario pensar en planes de ‘energización rural’ que permitan llevar el servicio de energía utilizando las soluciones tecnológicas acorde con las condiciones particulares de las zonas a atender.

El GLP, más conocido como ‘gas propano’, es una de estas soluciones por su ‘portabilidad’, lo que permite llevarlo a los rincones más apartados de la geografía nacional, utilizando todas las modalidades de transporte disponibles.

El ‘propano’ se obtiene o bien de la refinación del petróleo o de las plantas de tratamiento de gas natural, y se envasa en cilindros o pipetas que, incluso, fueron usados como arma de guerra al sustituir su contenido por explosivos y metralla que se lanzaban sobre la población civil. Aún en pleno conflicto, los vehículos repartidores de cilindros siempre llegaron a las zonas más apartadas del país para entregar ‘energía’ a los usuarios de las cabeceras municipales y las veredas. Es por eso que el propano es el ‘energético del posconflicto’, con una ventaja adicional, y es la posibilidad de sustituir el consumo de leña de las zonas apartadas, preservando así los bosques, sobre todo los localizados en zonas de alta producción hídrica.

Para que se pueda combinar el mejoramiento de la calidad de vida de las zonas rurales y la preservación de los bosques mediante la reducción del consumo de leña, es necesario canalizar subsidios para que estas comunidades puedan cambiar las estructuras de consumo de energía en estas regiones. En buena hora el Ministerio de Minas y Energía –a través de disposiciones emitidas en julio del 2016– anunció un programa de subsidios para los usuarios localizados en las áreas protegidas del Sistema de Parques Nacionales en el Macizo Colombiano, donde se encuentra el más grande reservorio de agua del país, lo mismo que en otros departamentos como Caquetá, Nariño y Putumayo.

El esfuerzo de llevar el ‘propano’ a las más apartadas regiones de Colombia, con el doble propósito de mejorar la calidad de vida y proteger nuestros recursos de agua, debe ser un objetivo de la política energética de cara al posconflicto.

Como lo señalan recientes estudios del World LPG Association y otras fuentes, el gas propano, junto con el gas natural, desempeñará el papel de ‘energético puente’ entre el escenario actual, dominado por los combustibles fósiles de alto impacto ambiental, y un mundo con mayor presencia de energéticos con bajas emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero.

Lo anterior es posible, considerando que si bien el propano es un combustible fósil, es cercano al gas natural como el energético menos intensivo en ‘carbono’, por lo cual reemplaza al carbón y combustibles derivados del petróleo como gasolina, diésel y fuel oil, entre otros, con altos factores de emisión de CO2.

Además de los efectos ambientales a nivel macro, la sustitución del carbón, madera y residuos agrícolas utilizados en la cocción de alimentos, mejora las condiciones de salud de los consumidores más pobres, que se estiman en 2,7 billones de personas en todo el mundo. En la actualidad, el uso de carbón y biomasa en recintos pobremente ventilados hace que las sustancias y material particulado lleguen a los pulmones de los hombres, mujeres y niños, originando graves enfermedades como neumonía y cáncer pulmonar, cobra anualmente la vida de 45 millones de individuos a nivel mundial.

Por todo lo anterior, el propano debe estar disponible para su uso en las regiones azotadas por el conflicto con el objetivo de atender sus necesidades energéticas esenciales. Para ello será necesario desarrollar un programa de subsidios para inducir el cambio en los hábitos de consumo de energía en las zonas rurales. Acabar con la ‘pobreza energética’ de estas regiones del país, en el marco del posconflicto, es una de las decisiones más importantes en política energética de los próximos meses.

Luis Augusto Yepes
Consultor empresarial

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