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Domingo 19 de Mayo 2013

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Manipulando la mano invisible

Julio 22 de 2012 - 7:35 pm



Los escándalos por manejos financieros han afectado la confianza en Londres.

La investigación contra los bancos que manipularon la tasa interbancaria de Londres (libor) y su equivalente, euribor, ya causó la renuncia del presidente del Barclays, Marcus Agius; del director de operaciones, Jerry del Missier, y del consejero delegado, Bob Diamond, y generó una multa de 360 millones de euros. Los accionistas se han enterado de que, mientras sus ingresos cayeron en el 2011, el presidente recibió un pago de 25 millones de libras esterlinas en un año.

La investigación también involucra al banco HSBC, al Royal Bank of Scotland (84 por ciento público), al estadounidense Citigroup, al suizo UBS, y al UBS AG; y se estima que unas 16 instituciones estuvieron involucradas en la maniobra, buscando derivar beneficios para los banqueros y tratar de convencer al mundo de que la banca era segura, a pesar de la crisis internacional.

Los que defienden la libre acción del mercado y se oponen a la regulación estatal sostienen que los agentes públicos son susceptibles de corrupción, permeables al lobby de las empresas, dilatan y entorpecen los procesos, y asignan ineficientemente los recursos.

Si un gobierno decide, por ejemplo, devaluar progresivamente su moneda (crawling peg), ello podría conducir a un desfase cambiario, pues la entrada masiva de divisas por crédito, remesas, exportaciones o lavado de activos generaría revaluación y mercado negro.

Pero el mercado no es perfecto, y a la asimetría en la información –con cuya demostración Stiglitz ganó el premio Nobel– puede añadirse la existencia de carteles y las tendencias proteccionistas.

En el caso colombiano, el ministro Hommes sancionó a algunos bancos por coludirse para establecer un tipo de interés a su antojo.

En el Reino Unido, el Comité parlamentario para el Tesoro interrogó a Diamond acerca de una llamada entre el presidente del banco y los supervisores, ya que la libor se establece tras consultas diarias a la asociación de banqueros.

Los hechos recientes han planteado la necesidad de legislar para mejorar el sistema de cálculo de la tasa de interés y penalizar a quienes lo manipulen.

Londres concentra 250 bancos extranjeros, es el centro financiero más importante del mundo y negocia diariamente 1.400 millones de dólares en derivados, de modo que los servicios financieros constituyen la mayor exportación y generan el 12 por ciento de impuestos.

Para proteger la City, el Reino Unido se ha negado a adoptar el euro y no acepta gravar las transacciones financieras, como proponen algunos países europeos.

Sin embargo, los escándalos por manejos financieros han afectado la confianza hacia dicho país: la pérdida bursátil de JPMorgan Chase, que va en US$7.000 millones; la presunta estafa por US$2.300 millones en UBS AG, y la investigación a Barclays y otros bancos por la manipulación de la tasa de interés han ocurrido todas en Londres, en un año.

Eso explica que Sharon Bowles, presidenta de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento europeo afirmara: “se me cae el alma a los pies cada vez que hay un escándalo y los autores están en Londres, aun cuando no es responsabilidad del Reino Unido y pasa bajo nuestras narices”.

El senado estadounidense ha encontrado que en abril del 2008, la FED de Nueva York –a cargo de Timothy Geithner, actual secretario del Tesoro– fue informada de la manipulación del tipo de interés en Londres y ha ordenado la transcripción de dicha comunicación. Todo lo anterior ha puesto en evidencia que lo que se supone son decisiones neutrales de agentes del mercado, terminan siendo acuerdos acomodados en beneficio de intereses privados.

En ese mismo sentido, Ben Bernanke ha afirmado que “la manipulación de la tasa de interés de referencia global, libor, ha minado la confianza de los mercados”.

En el pasado, esto ocurría de un modo secreto; pero, al hacerse públicos, tales manejos han generado el movimiento mundial de Indignados y Occupy Wall Street.

En el festival de Aviñón, los abusos económicos de los banqueros serán materia de diversas obras de teatro: en una de ellas, 15 por ciento, Bruno Meyssat analiza la crisis subprime de EE. UU. en el 2008, en tanto que el alemán Nicolás Stemann tratará el mismo tema en Los contratos del comerciante.

Adicionalmente, Thomas Ostermeier ha adaptado un texto de Ibsen para presentar en su obra, El poder de la verdad, una sociedad marcada por la economía, donde el beneficio se ha erigido como el principio dominante.

El mensaje de este director es que “todos los políticos hablan de la democracia, pero las decisiones se toman fuera de la mayoría”.

Hace unos años, Michael Moore mostró en su película Capitalism, a Love Story, cómo los banqueros que gobernaban con Ronald Reagan retiraron al país del acuerdo de Basilea, y ello permitió el apalancamiento exagerado de los créditos. Posteriormente, Wall Street mostró el interés desbordado por la usura con que operan los bancos, y el video Inside Job, ganador del Óscar, develó con crudeza el sometimiento de los académicos que convalidaron la conducta de los bancos, colocando en la picota a Lawrence Summers, exsecretario del Tesoro.

Esta vez, se ha puesto en evidencia que la supuesta racionalidad que pregonaban banqueros y agentes públicos era solo la cobertura para lograr un beneficio privado sin límites.

Beethoven Herrera Valencia

Profesor de las Universidades Nacional y Externado.

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