Manuel José Cárdenas

Calma chicha

Manuel José Cárdenas
POR:
Manuel José Cárdenas
octubre 15 de 2013
2013-10-15 12:06 a.m.
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Hay un dicho que dice que ‘después de la tempestad viene la calma’, que se podría aplicar al reciente debate sobre el proceso de desindutrialización y a los efectos de los TLC.

Pasados los paros y la aplicación de ciertas medidas coyunturales como el Plan de Impulso para la Productividad y el Empleo, que han satisfecho las necesidades inmediatas de los dolientes, se ha restablecido la calma, pero esta no es una tranquilidad cualquiera, sino una ‘calma chicha’, que es sinónimo de pereza e indolencia para resolver los problemas estructurales que afronta el país para pasar a una sociedad posindustrial, basada en el conocimiento.

Cada vez es más necesario usar la dimensión tecnológica para definir el alcance de las políticas de transformación o desarrollo productivo. Aunque en el plan de desarrollo 2010-2014, y en muchas políticas del Gobierno, se han enunciado estos criterios, estos se han quedado escritos.

¿Cómo se pueden superar los problemas de discrepancia entre lo que se decide, hace y evalúa? Primero, ellos surgen porque muchas de las políticas que se aplican son propias de una sociedad industrial y no corresponden a las necesidades de una sociedad posindustrial.

Segundo, porque su formulación debe ir acompañada –no seguida– de consideraciones explícitas sobre las instituciones que las han de ejecutar. La estructura del Estado sigue respondiendo a realidades organizadas en sectores y subsectores productivos, mientras se busca aplicar políticas de alcance sistémico o transversal que, por definición, abarcarán más de un sector o entidad ejecutora.

En este sentido, como lo he propuesto en otras ocasiones, podría revisarse el Sistema Nacional de Competitividad e Innovación, para que cuente con un director ejecutivo que dependa directamente de la Presidencia de la República, con el fin de que su dirección y recomendaciones no sean limitadas por los ministerios sectoriales.

Esto tiene particular importancia en el caso de políticas que evolucionaron desde lo estrictamente sectorial hasta tener un alcance general, como las estrategias de apoyo a la difusión y el uso de las TIC.

Tercero, hay que trasladar a esas áreas personal altamente calificado que esté trabajando en la formulación de las políticas.

Cuarto, se deben desarrollar y fortalecer los operadores de política, es decir,instituciones y personas que combinen las capacidades de formulación y acción. Con este fin, se pueden reforzar las instituciones públicas, buscar líderes en el sector privado y utilizar a agentes intermedios como las asociaciones empresariales y organizaciones no gubernamentales.

Quinto, hay que buscar una mayor descentralización del país, lo que requiere tener criterios de lo que pudiera llamarse la ‘glocalización’, y hacer planteamientos sobre la división político-administrativa del país, que parten de lo establecido en la Constitución y terminan en el actual Plan de Desarrollo, que es muy centralista.

Finalmente, hay que avanzar en la tarea de evaluar el impacto de las políticas en función de sus objetivos finales: crecimiento económico, progreso tecnológico y aumento de la productividad.

Puesto que los recursos públicos son escasos, solo efectuando evaluaciones sólidas será posible generar nuevos espacios para reasignar recursos desde otras áreas de política hacia sectores prioritarios.

Manuel José Cárdenas
Consultor internacional
emece1960@yahoo.com

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